Diez cartas de amor, por Clementine Von Radics | Traducción de Andrea Paola Hernández (Venezuela, 1995) ~

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Diez cartas de amor

UNO

La diferencia entre ser amado y ser cogido es que no recuerdo cómo se siente la primera. Tengo un cuerpo que es como una puerta abierta. Tengo un cuerpo que es como una mano abierta: es muy fácil sujetarme.

Tráeme un chico con un corazón más alentador que el algodón de azúcar en un día cálido. Le enseñaré a entregarse a mí sin sentido. Todo el tiempo, cada momento, deseando que me despedace, costilla por costilla, para ver cómo funciono. Cómo sangro.

DOS

Esta es la amarga verdad: esa enredadera de espinas que llamas nuestro último beso aún permanece después de tantos otros.

TRES

Cariño, algunas veces el amor vendrá a ti como un incendio forestal. Cuando pase, sé más valiente de lo que yo fui. Sólo vete. Toma sólo lo que puedes soportar. Sin lágrimas, sin dudas. Tus manos son como una cajita de pólvora, la más mínima chispa te matará.

Métete en el carro. Sumérgete en un mapa. Evita las estaciones de servicio. No mires las llamas danzando en el retrovisor. Visita nuevas ciudades, escala los techos y baila lento junto a tus más frías memorias. Tapiza tu nuevo hogar con cada polvorienta y desesperada carta de amor que juraste nunca enviar.

Encuentra a algún extraño con los bordes filosos y las caderas inexploradas. Presiona tus historias contra su piel y olvida que alguna vez supiste su nombre. Sólo promete que no pensarás en brasas o en humo. Incluso cuando haya cenizas en tu cabello. Incluso cuando haya hollín en tus pulmones.

CUATRO

Son las 11 de la mañana y estoy sentada en un restaurante con tres cervezas encima. Créeme, incluso yo estoy sorprendida. A veces sigo viva. He bebido en tu nombre durante dos días. Últimamente me recuerdas a una cosa salvaje mordiéndose el pie. Pero ya tú eres libre y yo no sé qué hacer excepto trazar la línea de tu quijada y tratar de no buscar culpables. Esta es la verdad: es difícil enamorarse de alguien que ama a alguien más. No sé cómo convertir eso en poesía.

CINCO

Tengo 15 y es mi primer novio. Tiene 18 y mide dos metros y sus manos son del tamaño de libros gigantes. Dice que tiene mucho que enseñarme. Se está ahogando en tristeza. La gente que se está ahogando suele creer que si se agarran de alguien pueden salvarse, pero sólo hace que ambos se hundan más rápido.

Tengo 17 y es mi primera novia. Lo único que hacemos con más frecuencia que pelear es cogernos. Le cuento acerca de las manos gigantes de aquel chico y ella trata de estirar las suyas para imitarlo. Le digo que se detenga. Le digo que la amo como es.

Tengo 19 y estoy en la primera de muchas habitaciones con libros dejados donde sea y un colchón en una esquina. Estas habitaciones siempre pertenecen a chicos con caras sin afeitar y corazones nobles. Chicos así los venden por docena, pero aún no lo sé porque hoy estoy con el primero. Me ofrece una cerveza. Dice que cree que soy lista. Me ordena que me quite la ropa.

Tengo 20 y estoy enamorada de alguien que miente mucho. El castigo por decir mentiras es que me vuelvo muy cruel. El castigo por ser cruel es que te abandonen.

Tengo 20 y no es sexo porque no dije que sí. Pido que se detenga y eso no hace que se detenga. Tengo 20 y estoy llorando porque mi amigo Aaron quiere besarme y sé que si lo hace aún sabré a traición.

SEIS

Las formas en las que no te abandoné:

Incluso cuando sabía cómo era amar a alguien con el corazón como el lado filoso de un cuchillo, saqué el amolador.

Te pedí que te doblaras, que te hicieras pequeño para que cupieras en mi puño. Quería asegurarme de que no podías huir.

Sabía que había alguien más, pero comencé a hurgar en tus bolsillos buscando pruebas de que estaba equivocada.

Lancé una copa de vino a través de la cocina como si fuese un balón, ambos miramos fijamente los vidrios rotos comprobando que la gente buena hace cosas terribles.

Dije “te amo” cuando en realidad quería decir algo mucho más específico. Debí decir “por favor no me dejes, me asusta dormir sola”.

SIETE

Pensé que dejarte sería fácil, sólo salir por la puerta. Pero sigo amarrada a esto con mis piernas alrededor de tu cintura. Es como que mis labios te quieren justo como mis pulmones quieren aire, simplemente nacieron para eso.

Así que estoy sentada en el trabajo pensando en ti  cortando vegetales en mi cocina. Tu cabello en el piso de mi ducha. Tus dedos en mi columna por la mañana mientras escuchamos a Muddy Waters. No sé por qué deposito tantas esperanzas en alguien que nunca me llamará su hogar, pero la forma en la que hablas de poemas igual que los marxistas hablan de revolución me hace querer seguir intentando. En las mañanas, en el piso de mi ducha, en la música, busco razones para amarte. Busco pruebas de que me amas.

OCHO

Esto es lo que sé: tomas el café negro y nos tememos el uno al otro. Una vez besaste mi cuello frente a tus amigos y me sentí muy cohibida. Una vez besaste mi abdomen y me puse a llorar. Veo la forma tan tierna en la que tocas las cosas y me provoca besar tu nariz pero mantengo mi boca en su sitio. Tus clavículas forman cráteres lo suficientemente grandes como para albergar mi puño. Eres lo más hermoso que he visto en meses. No fui buena con la última persona que amé así que castigué a mi corazón (dejé que se rompiera y se desangrara para luego medio coserlo). Es difícil escribirte poemas cuando sólo sé cómo cogerte. Siempre estoy intentándolo. Estoy pensando en el futuro. Estoy despidiéndome. Me preguntaste por qué nunca escribía nada honesto así que te escribo esto.

NUEVE

Me dijiste que las mañanas eran el mejor momento para romper tu propio corazón. Así que aquí estoy fumando tu marca de cigarros sólo por el olor. Me pregunto si aún cantas canciones de The Beatles mientras preparas el café. Dijiste que tu madre te las cantaba cuando no podías dormir, 19 años antes de que nos conociéramos y 20 antes de que sacaras tu ropa de nuestro closet mientras yo trabajaba. Por cierto, te odio por dejar todas las fotografías en la nevera, quitarlas se sintió como pelar costras nuevas, como golpear una quemadura. Gasté tantas noches tratando de moldear tu cuerpo en las almohadas que puedo prometerte que nada se siente igual que dormir con tu brazo rodeándome y tu respiración en mi oreja. Igual, es reconfortante saber que dormimos bajo la misma luna, incluso si es mucho más vieja cuando me alcanza. Me gusta imaginar que te ha visto dormir, y quiere que sepa que estás bien.

DIEZ

Sé que tú y yo no nos dedicamos poemas ni ninguna otra mierda sentimental como esa, pero tengo que decirte que incluso la forma en la que tomas el café me mueve todo el maldito piso.

***

De la autora:

Clementine Von Radics tiene 24 años y es de Oregon, Estados Unidos. Es la fundadora de Where Are You Press, una editorial dedicada a publicar poesía accesible e innovadora. La primera colección completa de Clementine, Mouthful of Forevers, fue lanzada en abril de 2015 por Andrews McMeel Universal, apareció en múltiples listas de bestseller y fue nominada en Goodreads como Mejor Libro de Poesía. Su segunda colección, Dream Girl, fue lanzada en diciembre de 2015 por Where Are You Press.

De la traductora:

Andrea Paola Hernández (Maracaibo, 1995). Actriz, teatrera y cineasta. Estudiante de Teatro en la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Fundadora del Centro de Estudios de Género USB. Primer lugar en el concurso de cuentos “José Santos Urriola” 2014. Ha participado en diversos talleres con Wilfredo Machado, Eleonora Requena, Fina Torres y Armando Rojas Guardia. Lleva un blog titulado “Insapiencias” en andreapaolahernandez.wordpress.com y ha colaborado con diversas revistas digitales como Digo.Palabra.Txt, ERRR-Magazine y Canibalismos, así como los fanzine “Bipolar” (Caracas) y “El Higo” (Madrid).

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