Amanecimos sobre la palabra (2017), de Oriette D’Angelo (antóloga), por Maikel Ramírez ~

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El crítico literario norteamericano M.H. Abrams define la frase latina horaciana ‘Carpe diem’ como un motif de la poesía, en especial de la lírica, a través del cual un sujeto poético le advierte a una audiencia joven e incrédula sobre la fugacidad de la vida y la aceleración del tiempo de los que dolorosamente disponemos para disfrutar los placeres del presente. En lengua inglesa, memorable es el poema de Robert Herrick To the virgins, to make much of time, cuya primera estrofa resulta suficientemente ilustrativa: “Gather ye rosebuds while ye may,/ old time is still a-flying;/ and this same flower that smiles today/ tomorrow will be dying”. Razonablemente, el perceptivo profesor Keating (Robin Williams) recordará  estos versos cuando reciba a sus alumnos en el filme de Peter Weir La sociedad de los poetas muertos. Por lo que toca a Amanecimos sobre la palabra: antología de poesía joven y reciente venezolana, su antóloga, la escritora Oriette D’Angelo, condensa la angustia  de sus páginas en la metáfora de la palabra como un hogar que nos refugia. Antes de continuar este breve comentario, resaltaré el inestimable apoyo de Marlo Ovalles y su Team Poetero en el fomento de esta muestra.

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Aunque su título pudiera derivarse de un poema inglés Carpe diem, originalmente rinde tributo a un célebre verso del poeta Pablo Rojas Guardia. Esta antología, por otra parte, convoca las voces de 29 jóvenes escritores venezolanos a lo largo de sus 136 páginas: Oswaldo Flores, Susan Urich, Juan Rojas, Cristina Gutiérrez Leal, Daniel Arella, Adlly González, Michelle Rodríguez Lugo, Liwin Acosta, Julieta Arella, José Manuel López, Paola Soto, David Parra, Tamar Flores Granados, Jesús Amalio Lugo, Adrineli Canelón, Miguel Ortiz Rodríguez, Gabriela La Rosa, Jorge Javier Romero, Fernando Vanegas, Pamela Rahn, Leonardo Alejandro Alfonso, Andrea Paola Hernández, Carlos Egaña, Eliseo Villafañe, Freddy Yance, Paola Valencia Villalobos, Víctor Noé, Rogelio Aguirre y Darya Chávez Prigorian.

Una de las marcas distintivas de este grupo de jóvenes escritores es la difusión de sus textos iniciáticos a través de la plataforma digital. Espacios como Canibalismo, La Parada Poética, Los Poetas del Cinco, Letralia, Revista Ojo, Revista Insilio, Team Poetero, La Tribu de Frida, Digo.Palabra.Txt y el blog del Encuentro Literario de Jóvenes Creadores han abrigado estas primeras creaciones. Pero la gran red y sus artefactos no solo sirven para promover, sino que pueden determinar la propia distribución tipográfica del poema, como es el estilo de algunas de las piezas en el libro. La ciudad, el cuerpo y la crisis social son algunas de las preocupaciones que acá encontramos. Por otra parte, ya sea en una o en otra de las formas de la intertextualidad apuntadas por Gerard Genette, los personajes de comics, la música rock, la literatura clásica, la pintura y la filosofía son, entre otros, referentes en estas páginas. Además de la angustia sobre la que hemos hablado, conviene reparar en un cuantioso conjunto de poemas que subvierten la relación armónica con la religión y, en general, con Dios.

No obstante esta nota se constriñe a la producción de textos poéticos, juzgo oportuno comentar que muchos de estos 29 jóvenes escritores han logrado diversificar su creatividad hacia otros géneros literarios y otras expresiones artísticas. Pamela Rahn, por ejemplo,  consagra parte de su tiempo al collage y a la crítica fílmica y musical, mientras que David Parra y Carlos Egaña escriben narrativa y, en términos generales, crítica cultural. Daniel Arella, por su parte, ha compilado un conjunto de cuentos pioneros de la ciencia ficción latinoamericana. En cuanto a Andrea Paola Hernández, la diversificación se manifiesta en la narrativa, la edición, el cine, la música y las artes escénicas. Visto que no hay suficiente espacio para hablar de todos ellos, le corresponde al lector seguir los blogs o los websites por  medio de los cuales estos escritores difunden muchos de sus trabajos.

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Poema de Cristina Gutiérrez Leal / Amanecimos sobre la palabra (2017)

La tenacidad de estos jóvenes me hace entrever paralelismos con dos filmes recientes: Poesía sin fin, de Alejandro Jorodowsky, y Paterson, de Jim Jarmusch. En el primero, los jóvenes escritores Alejandro Jorodowsky (Adan Jorodowsky) y Enrique Lihn (Leandro Taub) caminan sobre carros y camas, así como piden permiso para atravesar casas, pues han decidido caminar en línea recta y nada ni nadie podrá socavar su determinación; entretanto que en la hermosa cinta de Jarmusch el jóven Paterson (Adam Driver) debe reescribir sus poemas después de que el perro de su novia le destrozara el cuaderno donde los anotaba. De igual forma, los 29 jóvenes venezolanos crean con ahínco y se expresan en medio de un país hecho trizas.

En un reciente ensayo de título provocador, El odio a la poesía, Ben Lerner escribió que el desdén que los poetas pueden sentir hacia la poesía, debido a que esta nunca cumple con sus expectativas de cambio social o de expresión plena de un ideal, debe perfeccionarse para que el poema gane profundidad. Se trata, en suma, de una relación de amor y odio fructuosa en la medida en que escribir comporte una búsqueda infatigable. Al igual que en un road movie, importa más el camino que el sitio de llegada. En cualquier caso, de ser cierta la tesis de Lerner los 29 jóvenes escritores venezolanos conocen el amor y el odio hacia la poesía desde muy temprano, desde un nuevo amanecer de nuestras letras.

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