[#26] Siete poemas de Víctor Fuenmayor (Maracaibo, 1940) ~

Victor Fuenmayor por Vasco Zinetar

Víctor Fuenmayor / Foto por Vasco Szinetar

Víctor Fuenmayor (Maracaibo, 1940). nació en 1940 en Maracaibo. Una pleuresía en la infancia lo llevó casi a la muerte y al niño apaciguado que luego sería escritor, coreógrafo, investigador de arte, docente, tallerista y conferenciante internacional sobre arte, expresión y creatividad. En 1963 se licenció en Letras y Abogacía en la Universidad del Zulia (LUZ). Prosiguió estudios en París (1963-67), donde fue alumno de Roland Barthes, Lucien Goldman, Pierre Francastel y Jacques Lacan en la Escuela Práctica de Altos Estudios. Obtuvo el título de doctor en Semiología bajo la dirección de Julia Kristeva en la Universidad París VII. Desde 1967 ha sido docente en LUZ en las escuelas de Letras, Comunicación Social y de Artes Escénicas; en la Maestría Maestría en Filosofía y en el Doctorado de Arquitectura y Diseño. Es Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de la República Francesa, doctor honoris causa de LUZ y fundador de las instituciones Taller de Expresión Primitiva (TEP), Asociación Venezolana de Semiótica (AVS) y Fundación Instituto de Expresión y Creatividad (FIDEC). Obtuvo el premio de poesía de la Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1986) y una mención en el concurso de novela Guillermo Meneses (1978). Perteneció al grupo literario 40 grados a la sombra, con el que publicó sus primeros poemas en la antología 7 de 40 (1964). Es autor de las novelas Zonambularia (1978) y ¿Qué tengo yo contigo? (1988); de los libros de ensayo El inmenso llamado: las voces en la escritura de Teresa de la Parra (1974), Materia, cripta y lectura de Horacio Quiroga (1998), El cuerpo de la obra (1999) y, en coautoría con Fanny Luckert, Ser cuerpo, ser música: didáctica del ser creativo (2008).

Estos poemas pertenecen a su libro Beber de la sombra. Poesía reunida 1986-2017 (Oscar Todtmann Editores, 2017).

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De Vivo acallándome el grito (Inédito / 2017)

Devolución

Cumplo promesas que hace el anciano niño del ayer
al niño anciano del mañana.
Camino el largo trayecto de pasos perdidos entre
figuras del juego de ajedrez, después de pasadas las
tempestades y las vaguadas del tablero, que borran
caminos desde la edad temprana.
Soy la tranquilidad y ardiente deseo de volver siempre
a la vida
cuando esta me deja vacío por momentos.
Recorro pasadizos pasados de la muerte sin perderme
con pasos que me devuelven aquí, donde firmo recibo
a todos los regalos dados en apuestas en favor de la
vida.
Soy el mismo que el otro que me levanta firme de la
cama,
tranquilizando la desesperación del tiempo, habiendo
ganado un día más
a la apuesta inicial que me mantiene de verdad toda mi
vida.

Aprieto el vacío

Las alas no salen los primeros días del encierro.
Salen poco a poco, pacientes, con la angustia
invadiendo territorios al aire
y aumentando dolores entre pecho y espalda.
Punzan la espalda de almohadones, los pies descalzos
sin pisadas, la cabeza con ideas obsesionantes.
Cansado de caminar la bestia, sumo los cambios de
caminos de espinas y abrojos bajo el sol inclemente
de cuarenta grados a la sombra, con el ahora descanso
encamado horizontalmente inmóvil.
Las plantas de mis pies me vencen, rebelándose al
encierro y a la inmovilidad.
Pisando rutas con espinas interiores, siguen huellas
de pasos sangrantes,
trazándome caminos de martirios en el ombligo del
dolor,
hasta llegar a liberarme danzando el cuerpo de
palabras en el espacio vacío.

Nombres

Descubro la magia de nombres que me escriben
en el tablero del juego
con el movimiento de la línea destinada en el ajedrez
de la pieza matriz.
Sin decirme ni oírme, juegos de nombres vienen
y van
en el eco interior del antes del despertar
o dan en el blanco del antes del nacer o del morir.
Oída antes que pensada, viva antes que muerta,
la derrota convirtiéndose en victoria,
la palabra que me nombra teje nudos urdiendo el
tejido del pañal y mi mortaja,
enrolla el curricán del trompo que giro en mis manos
orientando el sentido de la peonza
hacia la sonoridad con que me lanzo
a moverme en la tierra, marcando con pasos
los espacios del giro donde caigo.

De Beber de la sombra (Inédito / 2017)

Me levanto

Me levanto y doy mi rostro a la palabra.
Vestido y todo previsto para la cita final,
entregado a la línea de una cita a ciegas.

Atravieso sombras proferidas al pie de las palabras,
visto mi desnudez de negro,
y atravesando el blanco, al vacío me entrego.

Previendo el siempre y el cierre de la cita,
conmigo mismo murmurándome adentro,
me alejo hasta donde llegan los pies de las palabras.

Sin amarres

Solo la palabra desnuda me desviste
sin delante y sin detrás.
Solo la imagen huida en el tiempo
aparece del cuerpo sin espejos
ni fuentes de los ecos
en la superficie de agua de la página.

Encuentra al azar la propia desnudez
del cuerpo amado, amamantado,
canturreado, hamaqueado,
solitario andante sobrio,
siempre duro de atar,
y suelta las amarras.

De Donde la luz me encarna (1991)

I

El tiempo
que me encuentra de frente
es el mundo dejado
a mis espaldas.

Como la muerte engendra
lo que precede al poema
y lo que seguirá siendo

vida ya escrita
leo en el presente
con la frente y la espalda.

De Libro mi cuerpo (1991)

Libro mi cuerpo

Este es mi cuerpo ahora
y libro mi voz
con un lomo escrito
que titula;
con un pie de imprenta
que nace y camina
sobre las trazas de la estraza,
sobre los cielos de celofán.
Este es mi cuerpo que libro
envuelto en el papel con la ñapa
dándole el vuelto a la lengua.
Y mi cuerpo libro de deseo
te continúa amando
con la lengua
sin un punto final
que nos envuelve…

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