Dos relatos del libro «Tipos raros» de Joel Bracho Ghersi (Venezuela, 1984) ~

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Héctor Clau

Aun en los días más calurosos de la temporada seca, a Héctor Clau le gusta tomar chocolate caliente a mitad de la tarde. Aprendió la costumbre de su abuelo, venido de tierras frías. Y para Héctor Clau es muy importante respetar las costumbres. Porque sólo en la continuidad de la costumbre, piensa, tenemos certeza de ser quienes somos y venir de donde venimos. Sólo la repetición nos confirma.

La vida según Héctor Clau se compone de una exacta sucesión de pasos cuidadosamente realizados, memorizados y vueltos a realizar. Una y otra vez. Una y otra vez. Y en cada vuelta, se siente feliz de ver todo en su sitio. La escena encaja en el molde y lo contenta.

Por supuesto, la rutina es su bien más preciado. Despertar a la misma hora, vestir del mismo modo, tomar la misma ruta, saludar con las mismas palabras. Su constancia es su orgullo: disfruta hablar de las cosas que ha hecho desde niño, del lugar al que va cada año, de su invariable receta para preparar el chocolate. Héctor, el confiable; Héctor, el que siempre regresa; Héctor, el de los planes cumplidos.

Como su abuelo, Héctor Clau es rigurosamente ateo. No creas en ningún dios, le ordenó. Y él, respetuoso de las órdenes, no creyó nunca. Pero no le hace falta. Los dioses sirven para disipar dudas y Héctor Clau no duda nunca. Ha ido resolviendo las cosas. Para un problema una solución; encontrada la solución, puede usarse de nuevo. Y tanto mejor si uno evita meterse en problemas.

Aunque a veces siente algo de envidia por los creyentes. Por sus ritos, rigurosos y acompasados. Por sus procesiones anuales. Por sus rezos todas las noches. Pero la envidia es un sentimiento peligroso: puede llevarlo a uno a querer actuar impulsivamente. Así que es mejor tomar previsiones.

Por esa razón, un domingo al mes y en celoso secreto, Héctor Clau toma el carro, sale temprano y maneja ciento setenta y cinco kilómetros hasta donde no lo conoce nadie. Y allí va a la misa. A hacer como si rezara a un dios en el que no cree, a arrodillarse cuando es debido y salir cuando el cura al final lo autoriza. En paz.

Adriano Berzo

A Adriano Berzo le gustan los instrumentos musicales. Los colecciona, aunque no es capaz de tocar ninguno. Pero sabe, eso sí, afinarlos todos: cada semana, los saca uno a uno de sus fundas, los limpia, los afina, y hace sonar algunas notas o un par de acordes. Luego los guarda, hasta la próxima vez.

Adriano Berzo ama la música desde que era niño y los instrumentos le parecen cercanos a la magia. Artefactos increíbles e ingeniosos que guardan la potencia de una melodía o de un concierto. Pero él tiene manos torpes y no logra tocar ni la pieza más simple.

Entonces escucha a otros, grandes ejecutantes. Se emociona al verlos en escena y sentir cómo la música llena el espacio. Porque es eso lo que hace la música: llenarlo todo, abrazar a quien escucha. En medio de la sala, Adriano Berzo siente que el sonido lo sujeta. Con música nadie está solo.

Así que vive musicalmente. Tararea, silba, canta canciones mientras maneja, mientras lava la ropa, mientras camina por la calle hacia el café de siempre. Qué tipo tan alegre es Adriano Berzo. Todos sonríen si lo ven venir, los niños lo llaman el señor que canta, la gente le regala discos y le habla de canciones.

Pero en el fondo, Adriano Berzo resiente sus carencias. Sus dedos lentos y un poco gordos. La distancia infinita entre las notas que piensa y los ruidos que hace. Le parece cruel no poder tocar nada.

Es por eso que a veces, cumplida su rutina de afinación y limpieza, toma algún instrumento e imagina que toca. Que toca como nadie, en larguísimas veladas rodeado de gente. Con los ojos cerrados y arrullado por la música que no ha tocado nunca, poco a poco y en silencio va quedándose dormido.

En las noches más felices, Adriano sueña que sigue tocando.

~

Joel Bracho Ghersi (Caracas, 1984). Abogado y Licenciado en Letras. Residenciado en Panamá desde el año 2013, se dedica a la escritura y la investigación sobre temas artísticos y literarios. Tuvo a su cargo la sección venezolana de la antología Resonancias. Cuentos breves de Panamá y Venezuela, preparada junto a Carolina Fonseca y coeditada por Foro/taller Sagitario Ediciones y Articruz en 2016. Cuentos suyos forman parte del libro colectivo De un tiempo a esta parte (Asamblea de nuevos cuentistas en Panamá), editado en 2016 por Foro/taller Sagitario Ediciones. Es autor del libro de relatos breves Tipos raros, publicado por la misma editorial en 2017. 

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