[#29] Siete poemas de «Árbol que crece torcido» de Rafael Castillo Zapata (Caracas, 1958) ~

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Rafael Castillo Zapata en Evanston, 2017 ~ Fotografía por Oriette D’Angelo

Rafael Castillo Zapata (Caracas, 1958). Profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela desde 1989. Ha sido profesor invitado en Brown University (1993) y en Rutgers (2006). Miembro fundador del Grupo Tráfico (1981) y de la Editorial Pequeña Venecia. Ha publicado los siguientes poemarios: Árbol que cree torcido (1984; 2014), Estación de tránsito (1992), Providence (1995) y Estancias (2009). También es autor de los libros de investigación literaria Fenomenología del bolero (1990), El semiólogo salvaje (1997), Un viaje ilustrado (1997), Harar y la rodilla rota (2006), El legislador intempestino (2007) y La espiral incesante (2010). En el año 2012 publicó el primer volumen de sus diarios de viajes, Travesías I. La relación infinita. 1990-2010. Los dos primeros volúmenes de sus diarios literarios, Tratados I. La tentación de escribir, 2008 y Tratados II. Las palabras y los días, 2009 se publicaron en el año 2013. 

~

I

A mí la poesía
me viene de mi madre
que más que nada fue costurera
pero escribía poemas en secreto
y lloraba en verso sus amores contrariados

Copiaba a Nervo y a Darío en cuadernos empastados
con una perfecta caligrafía enamorada
hay lágrimas por eso en sus cuadernos
lloviéndole la tinta a cada rato
hay zanjones hechos con la pluma en cada página rota
acaso por la desesperación de amar a su novio tanto
entre el ruido aplacado de la Singer y las rimas de Bécquer.

Victoriosa en su llanto
porque antes las mujeres se defendían así
a fuerza de llanto y de morir calladas
un poco más de mundo digo yo
y un poco más de escuela
hubieran hecho de ella
una Juana de Ibarbouru mía
una Gabriela Mistral en casa
una Enriqueta Arvelo
una Alfonsina Storni en la familia.

II

De tanto estar en azoteas de pequeño
llevando sol entre la ropa tendida en lo más alto
es que deben venirme estos relumbrones de la mente sin aviso
estos encandilamientos que me dan de golpe y me devuelven
a los perros poderosos que tuvimos / cazadores callejeros
Pizzirilo y Negrito y sus ladridos claros
devoradores de chancletas de cálidos hocicos
o a los papagayos y a la pepa y palmo
y al rayo y caballito que jugamos
en un patio de tierra al fondo / sin coleo y sin temor
o al viejo Dogde de dos puertas vino tinto / que teníamos brillando
del lavado del domingo y del pulirlo afuera
sobre la acera larga del frente familiar
y al mecánico toero de mi padre oficinista
metido siempre de cabeza / entre las tuercas y la lata
bajo el capó meditabundo
hay grasa en las bujías falla el freno
el trueno acelarado el croche / el ruido ronco del escape del motor
o a la pinta de las FALN borrosa me devuelven a los tiros
pidiendo libertad par Fabricio Ojeda sobre un muro en letra roja / guerrilleros
y al Tome Hit de la bodega de un costado
un muchacho en una esquina / fuma un Lido
y a las carruchas despeñándose por esas calles en bajadas / a los patines
y a los asaltos al abastos
y al métase temprano para adentro / a los domingos
del Cine Avila y cotufas y de sol

y a un primo de uno entonces / melenudo y callejero
lo agarra en una redada La Recluta y se lo lleva por bandido
por andar jugando de noche hasta tan tarde
en una de esas legendarias
caimaneras de béisbol

y aquella noche se traga amarga la mortadela frita
porque el que falta no llega / el compañero fijo
el jonronero el todo el goleador
y se juega ludo bajo la lámpara monopolio bingo
con el televisor encendido para que vean El Zorro / y se distraigan los muchachos
y luego el programa de concursos mientras comen
y un palo ensebado y un locutor ridículo el señor se gana un radio
y este aceite no brinca porque es Branca señora si no brinca
y hay que abandonar los lápices sin haber resuelto nada en el cuaderno

y luego la novela de las nueve
y el noticiero de las diez Vietnam que arde el humo del napalm
mientras pasan las horas y él no llega
y Cine para adultos y Mensajes en la noche y nada
hasta que el viejo Dodge de dos puertas vino tinto / se sienta que regresa
(con que júbilo loco de corneta a medianoche
se escucha aquel frenazo con chispa en la parada seca)
que nos devuelve al primo bravo al héroe
con el pelo rapado y una mueca de rabia en la sonrisa
que no le duró empañada sino el tiempo
que le tardó en crecer de nuevo
la melena fuerte la alegría a este sansón.

y así como si nada / en sus bluyines
volvió a tener de loco la misma facha de bandido
de atlético peludo pendenciero los mismos ademanes
la misma cara / el mismo sobrenombre
de malandro retador.

III

Tenía un caballo de palo, sacado de una escoba.
No volvía sino tarde, en cuatro patas,
dizque mordido de culebra,
preparando para la pela y el castigo.

Luis Alberto Crespo

Yo te pegaba encendido con una furia exacta de madre en la correa
hijo mío de embuste que inventaba de golpe yo y porrazo en la pared
para vengarme de las vaya palizas de mi madre quién dijera
por mi bien que me daba mi madre si supiera
al árbol torcido que enderezará jamás
y te inventaba moqueando de gemir qué bravas injusticias en medio de mi llanto
y eras la pared a mano convertida a juro en compañero

sobre la que descargaba furibundo yo mi látigo y te daba
igualitos los sermones que me daban
y toda mi rabia entonces se desataba en ti
porste de una esquina blanco del desquite
puerta de escaparate atravesada
palo de escoba o de haragán tu eras por el medio que partí
en todo te convertías madera de mi furia
paño de lágrima al lamento que acababas
serenándome a la larga ya de tanto correazo
                                                                                         manotazo
                                                                                                                coscorrón

porque no quería aprender a multiplicar como debía la tabla bárbara del nueve
porque no conseguía debajo de la cama
el compañero izquierdo de mi otro ortopédico zapato en un descuido
o a lo mejor porque volvía
de la calle con un vuelto fallo o la rodilla rota o la camisa
con un botón de menos la traía
o con un morado enorme regresaba de un traspiés

digo yo por eso por mi bien que recibía
merecido aquel castigo por el patio
por todita la casa en estampada
con los palos de la rabia por detrás
perseguido por mi madre hecha un furia una medusa / quién la viera
transformada en un verdugo con rollos en el pelo y en la mano el cinturón
y tú me recibías ubicuo el solidario
lobato siempre listo dondequiera aquel consuelo
sanasana
                      abracadabra
                                                    guarimba
                                                                                  cielo
culito de rana compasivo por la espalda en la caricia
socorro a punto en el bolsillo duradero de la nalga con dolor
soportando fiel donde quisiera
mis mentadas de madre por lo bajo
mis burdas palabrotas entre diente
sin que nadie supiera / sino tú.

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Rafael Castillo Zapata en la Universidad de Chicago, 2017 ~ fotografías por Oriette D’Angelo

IV

Haces de cajón de los remedios,
de bacinilla,
la pimpina y la ponchera eres tú,
el agua.

Luis Alberto Crespo

Las que siempre terminan por sostener el techo en la penuria bajo los palos del agua
que amenudan el miedo y la gotera y la ventisca
las de brazos como vigas
como mástiles los brazos como horcones lavanderas
empinadas las mujeres
las mujeres de la casa son el alma del tentempié
de repuesto la madera siempre como tranca que se toca que bendice
sustentoras del postigo y de la mata de zábila en la puerta
y de la palma bendita en lo alto de la cruz
las duras platabandas que espantan la intemperie que llovizna cuando brisa
y cargan con el peso de la casa cuando el sol se mete
para que el cielo entonces no se nos venga encima
mientras tienden las cobijas en las cuerdas de colgar.

Las que arden con la lámpara en el cuarto
junto al pecho de uno acoquinado
cuando nos quiebran esas asmas severas el gañote con martirio
que en su solícito mentol y en su quehacer alcanforado de esclava cabecera y abanico
con el tibio Vicvaporú en el humo del que tiembla en la camita le hacen bien
porque amansan esos sustos del ahogo en la cercana muerte que aparece
del niñito con un duérmase mijito
con un sí dime cariño un ya está bien.

Fidedignas de nombres socorridos
lupes panchas lauras ligias / manijitas santas de llamar
que esparcen tanto el incienso de sus risas
en tiritas módicas de aprecio
o en la curita que nos dan de un beso
por las mesas de noche atiborradas cada vez
y con la cucharita untuosas de jarabes a la mano y la Emulsión de Escot en la repisa
tan a tiempo ahuyentadora de flatos cómo es que son el tilo tibio
profilácticas temibles
                                           pedagógicas devotas
                                                                                          cielo atroz.

Son las que son por fin y es tanto
que quién se sostendría aquí dentro si no fuera
que por encima del polvo que se aferra a las gargantas los auxilios
los puñados tibios del ungüento le amanecen por doquier
sin abuelas digo
sin nana o sin poltrona que se haría
sin su buen montón de primas y sin tías ni miradas
sin estas taimas manitas de la hermana o de la madre
guarimbas de resguardo de dios cuando eres ere y ya te dan
faldas mansas que dicen cabelleras cobertoras
que se van apilonando estambre a juro de quererlas tanto
en el corazón de uno / atapusado hasta el antojo con su amor.

Nunca supe cómo matar una rata con todo ese miedo a cuestas por el mundo
cómo prepararle la trampa en arduo queso sigiloso a la alimaña
si el día en que empaté unos cables asombrado como un necio
hubo un conocircuito torpe en el televisor de cónsola Admiral de mi madrina
y un escándalo de padre y señor mío familiar y un zaperoco
un trágame tierra del acto en la vergüenza
y un miedo al ridículo u horror de ahora qué haré.

Que inútiles se me quedaron tensos por los siglos de los siglos
los dedos puestos sobre un alicate de por vida en una mueca
que un tornillo suelto era un reto entonces para mí
que un bombillo que cambiarle ciclorraso arriba al comedor era una hazaña el alto techo
y amanecer pendiente de algún fanático quehacer
una obsesión de niño sin qué hacer precisamente
pero que aprendía a dibujar entretanto en mis cuadernos aplicados
con qué felicidad de hijito mío sin desliz con qué entereza
con qué destreza de lápiz Mongol que a menudo o de Mirado
me llevaban la mano de la mano por sobre el activo papel
y óleos ufanos a los trece años sin escuela de amateur sobresaliente
castillitos en el aire sus primeros balbuceos ya un primor
menudeces
                      tantas cosas
                                                  del que ya y que artista con futuro
el pequeño lívido / pintor prometedor
pero nunca así cómo arreglar el motor de un tren eléctrico o un radio
ni una plancha descompuesta ni una lámpara de pie
ni un sócate ni un suiche / ni un tapón siquiera el haragán perfecto
consentido Lorenzo / en la espalda del sofá.

Hice progresos en cambio para los menesteres del papel hoja tras hoja
con estas manos cejijuntas de atenciones
sobre la pulcritud de un bloc Caribe encaramadas coloreando
que con hojas de papel cebolla intercalaba / mis orgullos en un cuadro
para mostrárselos después yo tan feliz
maravilla en el dibujo los matices me decían
de mi caja de creyones de mi acuarela infantil
pues mi única mugre fue la de los colores apestosos de la témpera
las manchas del óleo caro o el sudor
de tener que repetir como sesenta veces

el ejercicio de piano más difícil de este mundo de cultos embelesos
que eran del arte al fin y al cabo
las únicas ampollas de mis dedos largos de atinado patiquín.

Primor de Prismacolor entonces
nunca un destornillador ni una segueta ni un taladro
en la mano ni tampoco un berbiquí
y aquellos músculos lerdos pequeñitos
que ayudando a montar un caucho en la cuneta
se sentían Hércules felices
Maciste contra un monstruo un Adas
tan fuertes así como Tarzán como el que más como el que mucho
saboreaban la nostalgia de los bíceps poderosos
de aquellos que cargaban ladrillos en el hombro
jovencitos de doblados cuellos tan en bruto
bajo aquellas latas de manteca Diana de quince kilos cargadas con arena
vendedores de periódicos
repartidores de refrescos Dumbo / Grinespó
multitud de manos robustas y de espaldas ambidiestras
que a mis ojos de lento artífice del trazo
con la lengua afuera ensimismada y la atención minúscula perdida
sobre un paisaje de río con samanes que copiaba / de algún libro de Cabré
resultaban en mi asombro personajes de delirio / héroes a diario
de bravas fortalezas infantiles caballeros
para futuras proezas de destreza entonces
la madera que tenían yo observaba
y esa anhelada majestad del palo de hombre que no era con qué rabia
que no fui.

VI

mi padre ebrio me quiere mucho a mí…
mi padre ebrio es lo mejor que he visto…

Caupolicán Ovalles

Y me queda mi padre
en su hueso de escribano
estudiando administración de noche en noche
y enormes libros de contabilidad bajo los brazos
mientras se arremanga los almueros por ahorrar
burócrata puntual de un ministerio
que diariamente se desvive en su oficina
desde las ocho hasta las doce
y desde las dos hasta las seis.

No para nunca en su casa este señor entonces
raramente puede jugar al escondido con sus hijos tan siquiera
si es de golpe y a deshoras que lo ven
en ese instante de bocones urgentes por ejemplo
exigidos a la madre con prisa de aguja volandera
en la ropa de diario de económico dril que se almidona
en los cuellos percudidos de sus camisas Manhattan
en los pocos casimires del escaparate matrimonial
si en las sopas sorbidas a empellones por apuro
en el ya me voy se me hace tarde de cada mediodía
es que se dan cuenta de que anda por ahí
que se lleva por delante un florero de Murano

y nos deja los billetes en la mano
para pagar la cuenta de la luz

(señor de la quincena
obligado caradura del fiado en la bodega
que nos daba religiosamente
el real de la merienda
la bendición de un tiro
y la firma en la boleta cada mes).

Por eso
cuando en diciembre le da por beber / a este Lorenzo Parachoques de la casa
y se pone de golpe hasta cantor

quiere mitigar de boca en un segundo
toda esa diaria ausencia / con una perorata infinita de milenios
con palmadas en el hombro / bocanadas
de White Horse
y se convierte entonces con tanto palo encima
en un piropeador de Dios me libre en un cohete
que estalla cuando suena el cañonazo como un loco dando abrazos
y hasta baila y se enternece y amanece
que de puro bienmesabe su mirada nos envuelve con su miel
como cuando con menos angustias en la casa
sobre la primera página de El Mundo
aprendimos a leer entre sus piernas.

 

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Libreta de Rafael Castillo Zapata, Chicago, 2017 ~ por Oriette D’Angelo

 

V

Me están doliendo de golpe
todos los goles juntos que no metí
ineficaz defensa siempre el último de la hazaña imposible
me están doliendo todas las cestas que perdió mi mala puntería
los balones contra el tablero escapándose del aro
dando siempre más allá y equivocándose
fuera de sitio siempre
como el rebote loco mío de no parar nunca en ninguna parte
alelado de estar viendo una pelota traicionera
sobre la mesa de ping-pong para fallar.

Fue con embargo luego que afirmé
mi fama de cuatrojo / perdido para el músculo
mi lujo de veintes y medallas
victorioso fin de curso sonrojado / siempre fui
el de la manada de los otros / de los raros
que sólo competían para vencer en un examen de álgebra o tenían
la mejor letra o aptitud para el dibujo / nada más
porque en lo demás siempre perdían
los que a juro
                          en el recreo
                                                  sin acaso
se llevaban perturbados las manos a los bolsillos en silencio
pasando el trago amargo del acné y de la primera esperma provocada
hablando de trigonometría con otros o de Hesse

(las novias que tenían se les iban / irremediablemente
con aquellos atletas que se paraban firmes de cabeza
y escupían luego sobre la poesía
y no sabían tranquilamente / nada de Kafka ni de Poe)
tarareando la canción de Melody mientras los demás sudaban rudos
sobre las paralelas en los patios
sacando desde el extremo de las canchas con brazo perfecto
un balonazo exacto de remate que decide el juego a nuestro favor
y resulta en beso de muchacha y gritería
en héroe del colegio ungido en los vestuarios después de la victoria
los curas felices con aquellos futbolistas bravos
los Font / los Cavero / los D’Elía.

Algarabías como éstas / brutas
son las que me están doliendo
como caerse de la bicicleta frente a Laura y mantener
la fama de enclenque patizambo a toda costa

con rotos siempre molestando en las rodillas
pie amellado desde el kinder para el chute
ponchado
                   de bolas
                                    puro strike
tanto hit perdido a la carrera
que no atinara un salto yo
un lanzamiento de disco o jabalina y me quedara
con estas manos en el barro de no haber sido el arquero del equipo nunca
ni el nadador estrella / ese rencor
de haber estropeado tanta vida
por escaparme tarde a leer Demián con los ojos extraviados
enamorado de uno como él.

~

Estos poemas fueron seleccionados de la reedición del libro
Árbol que crece torcido (1984; Kalathos, 2014) de Rafael Castillo Zapata
ISBN: 978-980-7502-04-7.

Las fotografías fueron tomadas
en la ciudad de Chicago en febrero del año 2017.

~

2 comentarios en “[#29] Siete poemas de «Árbol que crece torcido» de Rafael Castillo Zapata (Caracas, 1958) ~

  1. Hermoso, bellas palabras que inspiran, nada mejor que toparte con pensamientos halagadores, excelente.Y entre poemas que les parece este hermoso poema romántico:
    ¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
    En mi pupila tu pupila azul.
    ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía… eres tú.
    Si a ti te gusta la poesía, te invito a que eches un vistazo a esta web https://www.curiosidario.es/mejores-poemas-romanticismo/ te toparas con bellos poemas del romanticismo e inspirarte para crear tus propios poemas. Espero les guste.Me pregunto porque en los últimos años vamos desistiendo cada vez mas a la belleza del arte en todas sus expresiones ?

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