Cinco poemas de Oriana Tibisay Reyes Pérez (Venezuela, 1998) ~

dce519c6f6246c6793d2961de938948df438f42d_original

Maria Pace-Wynters

Repetición

Con el complejo de habitar
multiplico lo incesante,
la repetición justificada es adecuada.
Repetición como pulsión de vida,
repetición como eco necesario
para marcar espacio y territorio.
Me digo como mantra “Soy un colibrí”
“Soy un colibrí, cada aleteo es preciso,
la vuelta hacia atrás no es testarudez”
Pero, cuántas veces en el gesto agotado
la gracia colibrezca,
mímesis embaucadora,
devela mi torpeza.
Me reconozco loro
al que se le enseña a decir “hola” y se le pide la patica.
Repetición vacía
precedente de nada
hacer tiempo en el encierro
jugar con la jaula
masticar la jaula
picotear con y sin razón.
Es de tontos tener la parafernalia de loro
y creerse colibrí, colibrí.
Peor todavía
creerse cualquier pájaro
cuando lo que hay es ninguna pluma,
ninguna pulsión de vida,
ninguna jaula,
ningunas alas.
Solo repetición como escupitajo a la inacción,
relleno, desvío, pretexto.
Divagar para ocultar la evidente estupidez,
perdurar lo incómodo
impropio
ininteligible
sin metáforas
aceptar que de pájaros no sabemos
y de palabras tampoco
pero estamos
Estoy
defendiendo lo insignificante.

Suponiendo

Suponiendo que tenga algo que decir
que el pretexto se agote
que esté más allá que acá en eso de las decisiones
Suponiendo que sintiera la teoría
y razonara las pasiones
que de una vez presienta el inconsciente colectivo
Pero no solo eso
suponiendo que lo manifieste de manera más o menos inteligente
Suponiendo que lograra saber versar
—o no versar como se debe en reacción a una métrica que se supone entonces me sepa—
Suponiendo
que sé a dónde voy mientras escribo esto
y que no me obligara a escribirlo
Suponiendo que partiera de una necesidad vital
Suponiendo que leyera mí-nuestro contexto
y reaccionara concienzuda-crítica-universitariamente
y que un compromiso político aquí
una respuesta como humanista por allá
que el deber estudiante
el yo intelectual
y hasta mi voz
Suponiendo que leo todo cuanto debería
y suponiendo también que lo comprendo
Suponiendo que dejo de desconocer las circunstancias
y pregunto
reacciono
postulo
Suponiendo
que dejo de alardear de una pena que bien sé que no tengo
y acepto que lo mío es la pereza
Que he perdido tiempo precioso pensando en cualquier pendejada
y entonces hago algo
Suponiendo
Solo suponiendo que por fin sea todo cuanto, suponiendo, quiero
tal vez entonces, desde un supuesto, logre hallar el modo
de reconocerme en este yo perdido que ya soy.

Desespero-cuerpo

En la cama, de lado, con las piernas traidas al pecho.
Absorta.
Trato de recuperar los diez dedos de mis manos
los diez dedos de mis pies
recuperar las yemas casi siempre sudorosas
por  nervios, calor, exceso de glándulas
o “escarcha de la virgen”
como pensó ver en mis palmas la tía abuela después de volver de sus fingidos trances.

En la cama, del otro lado, con una pierna extendida y la otra aún en el pecho.
Acobardada.
Saboreo mis palmas
pero ya no traen nada de escarcha
ni de virgen
y tal vez por eso…
trato de recuperar los brazos y las piernas
tronchados por resbalones con arenilla
nunca bicicletas
ni el chichón por no estarse quieta.
Brazos tronchados por caerse sentada
piernas manchadas por picadas de zancudo
nunca el encaramarse
costras que salen
gotea un punto rojo como las lucecitas del radio cuando prendía.
Recuperar las rodillas
recuperar los tobillos
recuperar los codos
recuperar los hombros
recuperar mis coyunturas todas
y desconyunturarme.

En la cama, de boca al techo, con los ojos cerrados.
Reflexiva.
Tratar de recuperar las vertebras
con sus distancias y cercanías dolorosas
con el párese derecha que le está saliendo jiva
con la cadera parásita más  presente en la derecha que en la izquierda.

Recuperar la armadura toda
para hacerla cloquear mientras se seca en el tendedero.

En la cama, arrodillada.
Furiosa.
Recuperar la cara al sol a cualquier hora
la piel desnuda
chamuscándose sin remordimientos
la nariz que no se advierte
recuperar la boca y su manera de hilvanar
los ojos y su manera de encegarse.

Con la cara enterrada en la cama y el cuerpo enterrado no se sabe dónde.
Aterrada.
Tratar de recuperar el tacto inconsciente a los pechos
la aridez de un vientre
la sequedad en los orificios.
Recuperar la cueva que solo sirve para criar arañas
recuperar la simple extensión de lo que es barriga
solo un posible germen remoto
inofensivo espacio infértil
pozo calmo y no torrente.
Recuperar la paz de tener un cuerpo
y ya no la terrible angustia de esta máquina
chorreando veneno vital
sin manual de instrucciones
sin garantías para después de averiado.

Desespero-andanzas

Chocaría uno en el cielo, en el aire, con toda esa gente, si voláramos, digo, si pudiésemos.
Mi abuela

Pero no, abuela, no volamos
andamos a pie o en buseta
y eso ahorita es casi peor que arrastrarse
que arrastrarse
Aunque por qué peor
si he visto a un caracol arrastrar dignamente su encierro
pero su encierro no es tan encierro
Él arrastra su espacio
tiempo
sarcófago
vida
Arrastra y no es arrastrado  a las 7 am 5 pm 8 pm
por un trole o una buseta
arrastrarse por el absurdo no es de caracoles
A rastras me lleva una cáscara que ni siquiera tiene el detalle estético de dejar una línea
argenteada en el piso
Vamos sin frenos dijo el señor busetero
y yo pensé en el caracol
en que un caracol jamás se queda sin frenos
No hay un niño acurrucado y llorando porque el espiral del caracol se puede estrellar contra una pared
no hay este miedo-vómito
ni la señora gritando el padre nuestro
no estoy yo pensando en qué pensar cuando se va sin frenos
Y yo creo, abuela, que no volamos por eso
porque no hay frenos
no hay cauchos
no hay aceite
no hay gasolina
No volamos porque ni arrastrarnos como se debe podemos
la movilidad nos queda grande
porque si acaso simulamos el nado
y ya se sabe que solo existe un Michael Phelps
y que de resto solo hay manotones de ahogado
Nadar en seco: difícil
lejos está eso de atrapar pececillos de las losas de mármol
hay escombros y lo único que se puede pescar en la calle son resfriados
y  lugares comunes
La enorme concha metálica se aferra a la avenida
y vamos en ella
nos plegamos en espiral
babeados hasta el cansancio
mirando a las afueras de la concha traslúcida
y vemos lo que se puede ver cuando no hay frenos
La  vida desandando,  mentiras
lo que vemos es el monte de  La Cuesta El Ciego que corre rápido
porque no se deja arrastrar por la concha metálica
como sí nos dejamos arrastrar nosotros
Arrastrar
Arrastrar
nunca arrOstrar
y tan bonito que suena eso de arrostrar
Abuela, no importa que no vuele
pero quiero al menos arrostrarme, abuela
que lo único metálico sea la huella dejada por nuestro paso
como los caracoles, abuela, arrastrarnos
Arrastrarnos pero no a un barranco
no de La Cuesta El Ciego para abajo
sino arrastrar la vida, arrostrarla.

Si uno tuviese

Si al menos el dolor fuese inteligente
de ese que llaman melancolía
no rebuscaría maneras para decir que tengo miedo y tristeza

Si dignos fuesen mis sufrimientos
las líneas saldrían lisas
sin tener que pujarlas, parirlas,
arrancarlas a juro de un ingenio que no tengo
Si el ahogo fuese cierto no rebuscaría oraciones
no pulsaría clic derecho sobre la palabra dolor
bajando para decidirme entre

Sufrimiento, dolencia, daño, padecimiento, malestar, mal, ramalazo, molestia
y encontrar que ninguna me sirve para sustantivar quién sabe qué turbación banal

Las penitas bobas no tienen palabras en qué sufrirse
las penitas bobas se aguantan callando
digo, si uno tiene dignidad
se lloran pero no se escriben
a menos, claro, que uno esté habituado a hacer el ridículo
o que sí tenga ingenio
Me siento y busco Word
y tecleo queriendo parecer desgarrada
pero ni a rasguñada llego
puede que  a rasponcito de rodillas
cortecito de papel
quemada en la punta de la lengua
y con mayor suerte a picada de zancudo
pero nunca, nunca, nunca,  a desgarrada, sangrante, suplicante o lacerada
De penas bobas no se escribe, digo, si uno tiene su orgullo
He aquí que las mías son tan sosas
que apenas merecen mi atención
y que mi orgullo está allá afuera
esperándome desde hace rato.

~

Oriana Tibisay Reyes Pérez (Mérida, 1998). Estudiante de la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes por la mención de Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana. Actualmente cursa el sexto semestre de la carrera y colabora con la Asociación de Escritores de Mérida.

Un comentario en “Cinco poemas de Oriana Tibisay Reyes Pérez (Venezuela, 1998) ~

Comenta aquí ~

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s