Mentes de piedra, por Servando Clemens (México, 1981) ~

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Geoffrey Johnson


—Trata de hacer amiguitos, Esmeralda.

—No quiero, mamá. Regresemos a la granja del abuelo, no quiero ver personas.

—Lo siento, muñeca, pero debes terminar la escuela de una vez por todas.

—Será el mismo resultado, se burlaran de mí y yo…

—Sigue las indicaciones que te di y nadie saldrá afectado. Ya hablé con la directora sobre tu condición especial.

—Pagaste para que me aceptaran, ¿verdad, mamá?

—Amor, sólo sal del coche y diviértete en tu primer día de escuela.

La señora abre la puerta del automóvil y le da beso en la mejilla.

—Lo intentaré, madre. No te prometo nada.

—Dentro de un mes entrarás a cirugía y te juro que ahora sí quedarás completamente curada de tus ojos.

La señora le da la bendición a Esmeralda y se marcha.

—Buen día. —El portero saluda a Esmeralda, ella no contesta y apresura el paso.

La niña se sienta en una banca al fondo del patio, alejada de los demás, siempre utilizando sus gafas negras y un gorro embutido hasta las orejas.

—Miren a esa rarita. —Señala una chica a Esmeralda—. Usa gorro fuera de temporada… es una pen-de-ja.

Un grupo de alumnos se mofa del aspecto de Esmeralda, sin embargo ella los ignora.

—Es hora de entrar —ordena una maestra—, apúrense, chiquillos lindos.

Los colegiales ingresan al salón de clases. Esmeralda los sigue y entra al final.

—Buenos días, mis hermosas criaturas —saluda la maestra.

—Buenos días, querida profesora —contestan al unísono.

—Antes de empezar —dice la maestra—, les quiero presentar a una nueva compañera.

Los niños cuchichean.

—Pasa al frente, bella —continúa la maestra—. Por favor preséntate ante tus nuevos compañeritos.

Los niños sonríen burlonamente.

—Silencio —pide la maestra—. La nena utiliza lentes y gorro porque padece una enfermedad.  

Esmeralda camina con los brazos cruzados, se para a un lado del escritorio, tose y con nerviosismo dice:

—Soy Esmeralda y vengo de…

—¿Por qué usas lentes y gorro de anciana? —pregunta un niño.

Risitas burlescas.

—Esa tipa parece una mentecata.

—Cierren sus boquitas —dice la maestra—. Esmeralda, ve a tu lugar, por favor.

La pequeña Esmeralda, inmersa en un mar de lágrimas regresa a su butaca, durante toda la clase ella no vuelve a decir palabra.

—¿Estás pelona?, ¿eres ciega?

Esmeralda no hace caso a las ofensas.

—No quiero que vuelvan a molestarla —ordena la maestra.

En la hora de salida, los alumnos salen apresurados al escuchar el timbre. Esmeralda espera al final para no toparse con sus compañeros.

—¿Tú no saldrás, niña cabeza de globo? —pregunta una estudiante.

Ella guarda silencio y su compañera se marcha al no recibir atención.

—Mañana será diferente, Esmeralda —le dice la maestra, poniéndole una mano en el hombro—. Así son todos los pequeños, entiéndelo.

—Son unos malditos perros, ojalá se pudran en el puto infierno.

—No hables así, preciosa.

Esmeralda sale del salón y deja hablando a la maestra.

—Oye, ñoña —grita un jovencito—, ¿Qué tienes en la cabezota?

—Vete al infierno, pendejete de mierda.

El grupillo que estuvo molestándola, la rodean y no la dejan pasar.

—Déjenme ir —pide Esmeralda—. Simplemente quiero estar sola.  

—Te daremos una paliza por rara y enferma.

Una de las colegialas tira al suelo a Esmeralda de un empellón, mientras tanto, los demás empiezan a patearla con rabia.

—Ya basta, me duele mucho.

La niña que siempre estuvo atacándola, le arrebata las gafas y el gorro.

—Mírenla bien, es un fenómeno.

—Devuélvanme mis lentes, por favor.

Los ojos de Esmeralda son penetrantes y sus cabellos son serpientes furiosas.

—Déjenla —dice el portero—, llamaré a la directora.

Esmeralda se pone de pie y lanza una mirada profunda contra los niños, acto seguido, los pequeños se van convirtiendo en piedra.

—Dios santo —exclama el portero.

Esmeralda se pone las gafas y el gorro. La gente se arremolina alrededor de los chicos de piedra.

—¿Qué pasó aquí? —pregunta una señora.

—Está niña los convirtió en roca con una mirada —responde otra mujer.

—Es hija de lucifer —dice un anciano.

—Ya cállense —grita Esmeralda—. ¿Por qué siempre tienen que estar criticando a los demás?

—Llamaré a la policía —dice el portero—. Esto es brujería.

—Ya no me fastidien. —Esmeralda llora a cantaros—. Lárguense de mi vista o les haré daño.

—¿Es “medusa”?

Esmeralda, harta de las injurias, se despoja de las gafas, observa a la gente a los ojos y los va trasformando en estatuas.

—Ustedes lo quisieron. —Esmeralda corre por las calles y va transformando en piedra a cuanta gente se cruza en su camino. La ciudad es un caos.  

—¿Por qué son tan engreídos? —Va gritando Esmeralda durante su loca carrera—. Miren mis ojos… criticones.

Después de cansarse, la niña se detiene frente a un monumento gigante, en una plazuela pública, ella lo mira directamente a los ojos y se queda estupefacta al observar a la estatua cobrar vida humana.

~

Servando Clemens (México, 1981)

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