Dos poemas de José Manuel D. Domínguez (México, 1986)

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Hernan Marin

 

I

Abrí los ojos porque quería ver como se iluminaba toda la celda mientras cruzaba el tren a medianoche. De pronto, no me sentía solo ni apenado. La música me transportaba mientras estos tipos hacían guardia en aquella noche en que los demonios estaban fáciles de encontrar.

En realidad, aquella noche aprendí a cantar, como un crio de ave nocturna o el espíritu de un cuervo maligno. No había retorno de esta miseria, lo vi en aquel especial de medianoche. El tren soltó un silbido y la calma se convirtió en el ojo de un cíclope que no para de observarme. Un bluesman.

En aquella casa todos los hijos son perros traga polvo del sur.

La miseria la llevan en los tobillos.

Vagabundos que trotan y trotan quién sabe hasta dónde.

Las luces del tren son tu mazo y tu martillo.

Si hubiera escuchado aquellas voces no estaría aquí, atormentándome.

Despierto todas las mañanas agotado de lo mismo.

Todas las puertas son la misma tumba.

Tengo unas manos que no saben de la muerte,

te clavan acordes en los ojos y te abren el alma.

Soy la ruina de las chicas. El negro y su revés.

El borracho que bebe, el vagabundo que vive en un baúl y despierta en la cárcel.

Un salvaje que no sabe de reglas pero sí de la belleza de las mujeres,

ese loco que no sabe vivir sin una mujer a su lado.

¿Verdad señorita Rosie?

Visitabas al Gobernador  en su oficina para que soltaran a tu novio.

Aún no puedo dormir por las noches.

Viejas canciones vienen a mí y se clavan en mi piel,

como abejas en aquellos campos de algodón o cervezas del sur de Texas.

Miro las paredes de aquella casa,

no es una casa, es un diamante negro remojado en sangre inocente.

A media noche un tren era arrastrado por 12 caballos negros. Lo que iluminaba tu celda no eran sus luces anestesiantes sino una profecía la cual sería tu destino. Tu música resonaba a lo lejos en las vías del tren. Todos sabían que no podías ser apresado por siempre, tampoco podías escapar por siempre, ni de ti mismo. El tren silba a lo lejos. Las faldas de las mujeres se levantan para recibirlo.


=

 

IX

Nunca intenté asesinar a nadie, los tipos que buscaban pelea no sabían nada del amor. Yo miraba a los ojos a sus chicas y no podían sacarme de sus cuerpos. Esa noche, en aquel bar de mala muerte, yo no rompí ninguna botella. Me defendí como lo hace cualquier hombre que no quiere que lo maten. El asesinato del otro tipo fue algo pasional, pero juro que no intente asesinar a nadie. Sobre la mujer no tengo nada más que comentar.

Un cuervo negro te tapaba los ojos con los corpiños de mujeres vírgenes mientras otro servía un trago derramando la mitad sobre las faldas.

Elevabas castillos en las sienes de las doncellas.

Descansabas el romance sobre almohadillas empapadas.

Aprendiste a ser la sombra que acaricia la intimidad de la tierra.

Hombres furiosos quemaban tus victorias.

Miradas de perros rabiosos invadían sus rostros.

Quemabas tu garganta con la sangre de los toros.

Lámparas de petróleo iluminaban el punto ciego de tus ojos.

Nadie podía negarte nada.

Entonces, ¿quién disparó primero? Nadie disparó.

Entonces, ¿cómo murieron esos tipos?

Las ventanas que fueron derribadas por cañones todavía no se recuperan.

Bajo la lluvia una mujer desnuda se lava la oscuridad.

Un hoyo en el pecho. Un corazón podrido. Dos tumbas abiertas.

Observas a la mujer. Fumas bajo la lluvia.

Las mujeres por todo lloran, te susurra un cuervo.

Escandalizado vuelves a casa.

Te vistes del blues de venas rojas.

Entregas tus ojos a la providencia. Te bañas de oscuridad.

Cierras la puerta con llave y dejas que los cuervos se vistan con tu piel, desaten el infierno.

 

No eras tú ese cuervo de ojos rojos. No eras tú quien hizo estallar los cañones que oscurecieron la noche. No eras tú quien desató los bajos instintos de las fieras. No eras tú quien despojaba de sus ropas a las mujeres antes de contarles un secreto. No era tú aquel chico que se marturbaba espiando a sus compañeras. No eras tú ese loco del pueblo. No eras tú quien desató el infierno de las rosas. ¿No eras tú? Entonces, ¿quién fue?

 

Estos poemas pertenecen al libro Diario íntimo de Lead Belly (Editorial Praxis,2015)

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José Manuel D. Domínguez (Acapulco, 1986). Mejor conocido en twitter como @GavieroBlues, es poeta y músico. Ha publicado en medios impresos y electrónicos, nacionales e internaciones. Ha sido incluido en las antologías XV premios María Luisa Ocampo (Editorial Mantis 2015), Los volátiles (Editorial Juanita Cartonera, Santiago de Chile, 2014), ¡Esos malditos escuincles! 25 Mexican Poets 30 and under (Big press, California, EEUU, 2013). Fue ganador del XV premio de aniversario María Luisa Ocampo 2013, en la categoría de poesía y del IV premio de cuento poesía y ensayo literario joven 2015, en la categoría de poesía.

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