Zancudo, por Alexis Maldonado (Venezuela, 1995)

Hernan Marin

Hernan Marin

Parpadea quedo, somnoliento. Está cansado, pero no quiere volver a doparse. Camina tomado de brazos, con los ojos entornados. Entra al baño. Abre la llave y deja escapar el agua. La sombra de su cuerpo se alarga hasta unirse con el pasillo a oscuras. La sombra se inclina a beber. La única luz encendida se desprende del bombillo sobre el espejo. Una luz amarilla y caliente. Varios ruidos cojean por la casa infructuosos. Solitario, el reloj señala las 2:58. El ventanal de la sala da entrada a la brisa que toca puertas y cortinas. En el cielo, la luna se halla en cuarto creciente.

Siente un timbre molesto en su oído, pero no hay porqué alarmarse: ―No se extrañe, ―le previno su médico de cabecera, durante la última consulta― no es difícil acostumbrarse a una condición… usted tranquilo, manténgase fiel a su medicamento, y dentro de poco no notará ninguna diferencia―. Le dijo, tomándolo de un brazo y dándole un ajustado apretón de manos, mientras su mirada se fijaba en él, delatando una inaudible despedida.

Al principio el zumbido era mínimo, vago, no significaba amenaza alguna. No cruzaba más allá de un breve comentario con un compañero, justo antes de iniciar el ensayo: ―Oye, mira, de verdad no sé, apareció de repente… estaba durmiendo y sentí un zancudo volándome por el oído, me levanté para matarlo, y lo busqué, pero no lo veía; lo busqué, pero ya se había ido, no lo pude encontrar… después de un rato me di cuenta que no había ningún zancudo, no eran sino mis oídos los que me zumbaban…―.

Comenzó a sufrir migrañas intensas. Resultó cada vez más difícil despejar el zumbido; el ruido se hacía fuerte. Lo que antes tomaba minutos ahora costaba horas. Visitó varios escáneres, pero ninguno revelaba nada. Nadie tenía respuestas. La ansiedad hizo que sus nervios comenzaran a sucumbir. El ruido en su cabeza le hacía imposible tocar. La tensión hacía que se saltara notas. El cansancio lo obligaba a detenerse apenas iniciaba. No podía soportar el dolor. Las sesiones duraban poco tiempo. Se mostraba cada vez más iracundo, impulsivo. La dirección de la orquesta decidió suspenderlo antes de que la situación llegara más lejos. El médico demandó reposo absoluto y le recetó unos somníferos. Se sentía enloquecer. Su cabeza latía. El sueño resultaba malogrado y a medias. Las pastillas perdieron su efecto eventualmente. Decidió pasar a drogas más fuertes, a drogas que lo ayudaran a caer noqueado. Lo único que le importa ahora es dormir.

La delgada línea de luna sigue brillando. A ratos, un oscuro ruido de mar se produce entre las hojas de los árboles. Adentro, el agua del lavamanos se diluye en un rumor de cañería. La figura se mira en el espejo. Sus párpados se cierran involuntariamente; su saliva impregna un fuerte sabor a caucho. ―No puedo continuar así, ―se dice― necesito dormir―. Enjuaga su boca, hace gárgaras. Escupe. Gira la llave hasta cerrarle el paso a las últimas gotas de agua. Se sacude las manos. ―No sé… no lo sé ―repite, apoyado en el lavamanos y viéndose en el espejo― ya falta poco para no reconocerme―.

Piensa en su sobrenombre del conservatorio: “El zancudo”. Ahora parece una crueldad del destino, un chiste de mal gusto. ―No puedo más, ―se dice y abre de nuevo la llave, llenando un vaso de agua― no puedo seguir así. Cierra la llave y sale del baño. Entra en su cuarto y vacía el envase de somníferos sobre la mesa de noche. Una por una lleva las pastillas hasta su boca. Bebe el agua. Se acuesta cubriéndose con la sábana, se pone cómodo. Decide no escribir nada: así, en silencio, es como quiere irse.

Un zancudo comienza a dar vueltas en el aire, muy cerca de su cabeza.

El zancudo se posa en su brazo. Él lo aplasta.

Silencio.

Mira la mancha roja que queda en la punta de sus dedos.

Silencio.

Cierra los ojos; va desvaneciéndose como el eco de un acorde.

Silencio.

=

Alexis Maldonado (Valencia, 1995) estudia quinto semestre de Educación Mención Lengua y Literatura en la Universidad de Carabobo. Ha participado en talleres de poesía y teoría poética promovidos por la FILUC y la Universidad de Carabobo.

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