Tres poemas de Juan Pablo Ramírez (Colombia, 1993)

Alice Wellinger

Alice Wellinger

4:45 pm

Toda esta vaina duele como el invierno cuando estás enamorado. Duele como despertarte solo a las 4:45 de la tarde con un hormigueo en el pecho y una sandía en la garganta; con una desesperanza aterradora que te prepara un café con sabor a funeral, cargado de un silencio que reposa en el alma después de una palada de tierra. Y sigue lloviendo mientras le invento una sombrilla al cigarrillo para que esas lágrimas desterradas del cielo no le apaguen el corazón.

¿Por qué no llueve de las botas para arriba a ver si de una vez por todas se ponen a flotar todos estos incendios que hacen cenizas la vida? ¿Por qué tienen que esconder los muertos bajo la tierra? ¿Por qué simplemente no los dejan colgando en las ramas de un árbol o los entierran en alguna nube?  Yo también tuve una casa en el aire pero le nacieron patas y salió corriendo.

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ÓRGANO

I

Las personas son teatros solitarios colmados de un incesante y devastador ruido. Donde mora un órgano que no deja de tocar notas tristes.

Allí solo hay oscuridad. El aire entra y sale de inmediato como escapando de toda esa mortuoria tristeza.

Como con miedo a ser confinado y sometido a acompañar a aquella agonizante pieza, partitura huérfana de orquesta.

 Que parece que se muere y resucita como la chispa que nace del roce de dos piedras.  Que vive para inminente desaparecer sin lugar a la evocación y acompañada por un abisal prudencia.

II

Duele nacer para dibujar las ruinas siempre con la misma oscuridad.

Duele como la primera palabra que rompe los labios, que quiebra el innato cristal de nuestro mutismo  y nos somete a la inmortal contemplación de un cúmulo de individuos desconocidos y abandonados.

III

Como un ave cautiva yo reconozco la infelicidad. Aquella que se alimenta de esos cantos, que más que cantos son letanías y reclamos a la silenciosa quietud que construyó su corazón en el cuerpo del desaliento y la agonía.

Tiemblo como el canto de un ave prisionera mojada por su llanto. Duele pensar que solo aquella jaula y única amistad comprende su muerte. Pero el ave desconoció la vida,  por ende también desconoció su muerte.

La muerte para un ave es un himno de libertad. Para mí la muerte es un poema a la esperanza y recompensa a la insatisfacción del hombre. 

IV

Los hombres insatisfechos anhelan la inexistencia tanto como sólo un desierto desesperado ansía que se muera o caiga el sol.

 El corazón tiene un valor tan insignificante que no mereció de la creación ni un poco de voluntad para el mismo decidir cuándo reventar, el olvido y su fracaso lo hicieron órgano.

Y así fue como el corazón se volvió un instrumento que no para de entonar notas tristes, que suena y se desgasta, que toca todos los días como homenaje a su desgracia. De la muerte espera expectante el fúnebre abordaje de su flauta.

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Los suicidas

Son suicidas:
Las estrellas y planetas que revientan.
Las gotas que saltan de la ventana.
Las olas que se estrellan con las rocas.
Los peces que brincan a la tierra.
Las piedras que se desprenden de las montañas.
Las cigarras que de desespero explotan.
Las lágrimas que se arrojan al vacío.
Los niños que saltan de los columpios.
Lanzarme al vacío de sus ojos fue un suicido,
Tan sólo comparable con el segundo agonizante que pasó.

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Juan Pablo Ramírez (Bogotá, Colombia). Estudiante de Literatura de la Universidad La Gran Colombia. En la época donde el país dejo de desangrarse simplemente porque no tenía nada más que derramar. Hijo de campesinos y de abolengos oprimidos. hoy aún ve los intestinos de su pueblo regados por el suelo cuando sale a caminar. La vida, las calles lastimeras, las frutas sin cabezas que acompañan los periódicos regados por la séptima, la poesía de Vallejo y de Rimbaud le reventaron las ventanas de la cabeza. Creció en los ignotos bolsillos de la vida. Escondiéndose de los ojos de las ruinas. Escribe para nadie. Está al servicio de la miseria de la raza de los hombres. La sombra de las ramas son su templo y melancolía. Twitter: @demusmoreli

2 comentarios en “Tres poemas de Juan Pablo Ramírez (Colombia, 1993)

  1. Me identifique en la forma en la que vinculas a las aves y la muerte y a la muerte con la libertad, disfrute mucho los suicidas, que por alguna razón me hace acordarme del baile de los ahorcados de Rimbaud.

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