Un poema de Daniela Gaitán (Colombia, 1993)

Patricia Ariel

Patricia Ariel

Sin título

Uno suele morirse un poco todos los días. Un hilo
de cabello pierde su color y no queda más que aceptar que
el tiempo se acaba,
como cuando se acaba el verano y hay que tejer los hilos de cabello
que aún quedan, para saber que no,
que no es hora de tenderse en el campo a esperar que la hierba crezca alrededor. Que no es la hora de pintar un cometa atravesando la negra espesura, que no es la hora de darle nombre a los cometas porque se
van muy rápido y su velocidad es equivalente a la tristeza de mil seres
humanos que no comparten nada entre sí.
Uno suele querer morir.
Y preguntarse de dónde viene y para dónde va y ver la ilustración
del hombre abrazando  al caballo y desear que el animal responda.
Y digamos que el animal responde, que el animal le dice al hombre que está cansado, pero nosotros estamos esperando que el animal diga
las palabras que transformarán nuestras vidas.
Y digamos que el animal le dijo dichas palabras y que de cualquier modo, nunca fuimos informados.
Uno suele hablar solo mientras decide.
Y abandonarse en la densidad de las cosas para que la vida tenga sentido cuando se edifica el futuro a kilómetros de distancia, dejándole todo a la suerte. Y construir largos puentes de cabello tejido, tan largos que alcanzan para comunicar Siria con tu corazón y refugiar
las buenas intenciones de quienes no pueden ser salvados.
Uno suele ser trágico. Ser extremista y detonar en el centro de
la habitación y decirse que al menos, siguen a salvo las buenas intenciones y la ilustración del hombre junto al caballo, y en la misma
historia, el cochero maltratador.
Uno suele abrazarse calladamente todos los días, imaginariamente.
Y contarse a sí mismo que nunca quiso hacerse daño
que nunca pensó dolerse tanto.
Obscurecerse tanto, y no porque sea necesario decirse <transparencia>
ni <inexorabilidad>, sino porque en la oscuridad, nadie está más cerca de uno, que uno mismo.
Y digamos que sí, que no estamos intoxicados. Que no estamos enfermos de ningún virus moderno. Digamos que todo fue hecho en pleno uso de la consciencia. Que sí queríamos morir antes que todo, que sí queríamos devastar la hierba y que Nietzsche no estaba tan loco como creímos.

=

Daniela Gaitán (Bogotá, 1993). Escribe poemas y en ocasiones los firma como Dg. Sus textos se encontrarán principalmente en marimariteje.tumblr.com y marimariteje.blogspot.com. Su único deseo importante es poder caminar sobre el agua algún día.

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