Tres poemas a mi padre, por Amaranta Rosas Reinhold (México, 1989)

Deanna Walker

Deanna Walker

 

Papá

Papá, no se trata de los buenos días que me dijiste hace 20 años
Ni tampoco del olor de tu cigarro que salía por el taller.
No se trata de Cesárea Évora cantando a las dos a.m.
Y los dulces recuerdos al entrar a ese lugar
con olor a óleos y papel.
No se trata de mi madre usando ese sitio como bodega,
Ni de los gatos orinando dibujos viejos
Con olor a polvo y recuerdos.
Este poema no trata sobre los pájaros azules que pintaste
Ni de la mujer melancólica que llora echa ovillo.
No se trata de tus cuadros como pintor,
Ni de la triste desventura de los marcos
mojados por la lluvia de junio.
Este poema trata de la barra de pastel de cumpleaños,
Del hermoso ramo de flores pintadas en papel,
De los domingo que puedo contar cuando viniste a verme
Y del álbum de fotos que me diste,
Y que aún no logro llenar.
Trata sobre un hombre que vino a visitarme al condominio,
Pero yo ya no vivía ahí,
Porque envejeció, se enmoheció el papel tapiz,
Y los muebles tuvieron que venderse de remate.
Trata sobre la barra de pastel cubierta por manteca barata
Y los viejos dibujos con olor a orines
Que los gatos se han encargado de guardar.

 

***

 

Rubén

Hombre de campo con piel de hojas de otoño,
La carne amasada por el camino de la vida.
Tu tristeza es mi tristeza cuando conozco tus historias,
Tu dolor fue mi dolor, lo sigue siendo,
Porque tu madre murió cuando apenas tenías 15.
Porque me han dicho que te avisaron de su muerte como se avisa que va a llover,
Como se avisa que ya está la comida,
el plato medio vacío de los frijoles del día anterior.
Me siento tan distante de tu vida,
La vida del niño pobre que come chicles de la calle,
Pero me siento tan cercana,
La mujer de 25 que te adora,
Que adora tu historia,
Los ojos que cuentan historias,
Las manos que van creando esculturas de recuerdos,
De una vida pasada que ya no es tuya ni de nadie.
Ayer fui a la tumba de tu madre, le conté del niño que dejó,
le lloré a las flores que mis manos
martajaban por el coraje
de no saberle aquí, por no saberla viva,
por no saberla de carne.
¡Oh padre! ¡Sé cuan cansado estás!
porque la vida no dio lo que querías,
¡Sé cuan dolido estás porque el niño pobre vive en ti!
También sé, padre,
Del coraje de un hombre que teniendo como zapatos el suelo,
Me mostró que la vida es esa madre enterrada bajo claveles,
Que el tiempo es las arrugas de tu cara que mis manos cuentan,
Que la felicidad se encuentra en la comisura de mi alma,
Ahí donde tu nombre me acompaña.

 

*** 

 

Bautizo

En la imagen estás tú junto a mi madre,
de frente se miran,
al lado hay otras dos personas,
una mujer y un hombre que sonríen.
Yo traigo un vestido blanco con
Cinta rosa de satín,
Un vestido que aún conservo, ya viejo,
20 años después.
Después, en la misma foto, está otra niña,
De vestido negro y calcetas blancas.
Estamos en la iglesia donde me bañaron
Con el agua que un hombre bendijo,
Donde un cura me bautizó.
Padre y madre,
Los dos esperanzados,
Bautizando a ambas hijas,
Dejando en manos de algún ser el bienestar de nosotras dos.
Hoy mamá maldice a la iglesia,
Hoy papá ni la menciona.
Quiero saber, cuando veo esa foto,
Cuál esperanza había en sus pupilas,
Pero la imagen no me deja,
porque ellos se miran el uno al otro.
Veo la foto mucho tiempo,
Pero ellos sólo se miran entre sí,
Jamás podré leer sus ojos, jamás.

 

***

Amaranta Rosas Reinhold. Nació en México, D.F, el 26 de agosto de 1989.

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