Dos poemas de Paola Assad Barbarino (Venezuela, 1999)

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Craww

Bolígrafos negros

3.

Observo mi reflejo inerte en tu mirada soñolienta y triste. Hueles a sábana barata y a saliva apresurada.

Te beso

y no sé si es tu frente o el sudor. Pero lo adopto…

…casi para pertenecerte más.

Mi rostro está impreso en la almohada: la testigo que salió más maltratada. Tiene una mueca dibujada con labial, un borrón hecho de rímel, una franja de algún fluido o tal vez sus lágrimas por estar sucia. Me lamento en silencio. Con ella y con todos los que tuvieron que presenciar una danza estruendosa e inexperta.

(De animales)

Cómo agarra el metro de regreso a casa una mujer que recién ha hecho el amor

Cómo se vuelve a quitar en la noche el vestido del que fue despojado al mediodía, durante el break para almorzar en horario de oficina

Cómo mira en el espejo su cuerpo desnudo antes de meterse en la ducha

Recreará las escenas con sus propias manos

Mirará sus senos con vergüenza

Se preguntará si habrá notado aquellas estrías que la atormentan

Se contará los lunares nuevamente para cerciorarse de que no dejó alguno en la mesita de noche,

o si él no se habría quedado con uno para agregarlo a su colección

de sistemas solares en miniatura…

Vacilará entre escribirle o esperar a que él le escriba

Se volverá hembra durante la madrugada

Se preguntará si en realidad pasó

Hará un parafraseo de recuerdos

Hasta llegar

Al

Ah!

Orgasmo.

2.

[¿Cómo observa el techo una mujer que está haciendo el amor?

Tendrá pensamientos insomnes

al mediodía

Pensará que fue ridículo combinarse la ropa interior

Pedirá sin abrir la boca ni los ojos

una frecuencia distinta

o la misma]

Creo que estoy en trance. Sueno a hembra. Huelo a hembra. Así me dices. Así me pides y yo trato de pedir y fallo. Eres un hombre púdico con los nombres que una idiosincrasia burlesca le ha asignado al sexo. Menos teta. Porque rompe y es sonora. Y tienes tu mano izquierda plenamente llena de la mía. Ya no tengo teta izquierda. Ahora eres el hombre de las tres tetas. El hombre con una hembra sonando debajo y existiendo en tus libros polvorientos.

[¿Cómo observa a su amante una mujer que está haciendo el amor?

Se aprenderá de memoria el color de sus ojos,

las palpitaciones de su sexo,

la crónica de sus gemidos

adivinará el undertone de su piel

las marcas de acné

los labios llenos

de su carne

y su aroma.

1.

No hay señal.

Llegas tarde.

[¿Cómo se muerde el labio una mujer que está por hacer el amor?

Adivinará los puntos cardinales

 de un domicilio que no conoce

el color de la ropa de cama

el de su ropa

¿Cómo trata de no lucir impaciente una mujer que está por hacer el amor?

Estoy sudada, me vine en metro, caminé mucho.

[¿Sentirá una punzada infantil al sujetarse del tubo del tren

que está lleno de microbios

según mamá?

Pero ven. Tienes la voz ronca y eso tropieza con mi sobriedad.

Ya no existo en mí. Existo en la olla vacía que dejaste sobre la estufa. En el yesquero sobre el mesón. En el ejemplar anticuado de Tom Sawyer: verde, tapa dura, rayas doradas.

Soy una mujer sin espalda. Ya no tengo. Está en tu boca. Es parte de ti. Los lunares huyeron hacia la punta de mi pudor, como si pudiese salvarlos.

Pero se ahogan de desnudez al igual que el vasito de vidrio que me trajiste porque me viste acalorada. Aunque sigo sofocada, me dices. Me quedo callada. Me preguntas y callo. Si quieres que diga que es por ti, entonces es por ti, te digo. Y la pena me patea la parte de atrás de las rodillas. La pena es traidora y tú sonríes como si yo no fuera una muchachita impulsiva que está a punto de perder…

Y te advierto:

que soy libre y sólo mía.

Pero que hoy, debido al clima, a la dirección del viento y al artículo que salió en Gaceta al comenzar el día

puedo ser tuya.

Y que sólo las paredes, la filtración del techo y el piso de granito que debe tener un plano directo a mis nalgas, sean los testigos. Y tú me aseguras que ellos no dirán nada. Y me entrego. Como quien se rinde ante la muerte cuando divisa el borde de su hoz de juguete. Como si fuera algo inevitable. Como si yo no hubiese advertido eso sólo para mantener mi orgullo. Me entrego.

[¿Cómo se pierde una mujer que está por hacer el amor?

Se volverá a encontrar

en muslos ajenos

se volverá a perder

en un cuerpo que no conoce

que es el suyo

y no el de él

y se volverá a encontrar

si tiene suerte

El pudor, como los bolígrafos negros, lo extravío muy seguido.

 ***

Oficio [no tan] puro

Cómo camina una musa que recién ha hecho el amor
Cómo se desviste
cómo se lubrica
cómo arquea las cejas
antes de darse cuenta
que no hay salida
¿Acaso mirará su propio cuerpo vibrar o se dará cuenta que es uno ajeno?
Pensará en las ninfas de Renoir,
hará estudios antropológicos en silencio
mientras observa
la metamorfosis de hombre a bestia
del que la coge sin mirarla
y aprieta su pecho casi por instinto
¿Se sonrojará al hacer más ruido del debido?
Al observar, inerte, como una voyeur misteriosa
las reacciones alquímicas que sus propios fluidos causan en otro cáliz
¡Gritará sin más remedio con los labios que le quedan mientras los otros están siendo mordidos sin pena!
¡Oh, musa! ¿Ahora qué eres? ¿En qué te han moldeado ahora? ¿Ya eres parte de aquel edredón anticuado oloroso a sexo y a desaire?
Musa… Musa… Musa…
¿Te conviertes en orgasmo para salir de la boca de tu amante o te conviertes en amante para salir por la boca del orgasmo?
Pondrá los ojos en blanco para mirar dentro de su cuerpo
y verá chispas salir de sus entrañas
se ahogará en el río maldito del sexo a las tres de la tarde
mirará por el balcón y observará el vuelo del zamuro mientras la embisten por detrás
morderá la almohada o su consciencia…
musa mía.
Cómo se vuelve a vestir una musa que recién ha hecho el amor
cómo sorbe de su propia piel la victoria obtenida
cómo se rinde en la colcha
sin inspiración alguna
sin las ninfas de Renoir
sin ella dentro de ella
Cómo se lamenta una musa que recién ha hecho el amor
cómo se confiesa loca, confundida, perdida, exagerada, húmeda
cómo aspira el mundo una musa que recién ha hecho el amor
cenará con incienso y la luna
/en leo
Mirará las líneas de sus manos sin ver futuro alguno
besará sus cicatrices inundadas de sal
cómo se arrepiente una musa que recién ha hecho el amor
cómo se encierra en su cuarto
se vuelve invisible
/a pinceladas

 

Y llora.

 

***

Paola Assad Barbarino (Caracas, Venezuela, 1999). Nínfula desvergonzada con complejo de esfinge. Además de un par artículos que fueron publicados en una revista digital que cerró por falta de presupuesto, escribo poesía y cuentos. Hago teatro y autorretratos que viven censurándome pero que sigo publicando porque soy bien terca.

Estos dos poemas son parte de una serie todavía en construcción que consisten en ser una especie de respuesta o reinterpretación del poema Oficio puro de Victor Valera Mora.

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