La muerte y el paisaje | Reseña de la clase magistral «Poesía, Paisaje y Pasión» de Raúl Zurita, por Fernando Chávez-Finol ~

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«¡La muerte! ¡La muerte! Un evento, la muerte, una parte de la vida diaria del ser humano; un evento común, cotidiano. Eso fue así hasta que se consolidaron los hospitales. Entonces, con el hospital, se encerró a la muerte.»

Esa fue la introducción del poeta chileno Raúl Zurita en su clase magistral.

Como parte de las actividades que regularmente organiza el Magíster Territorio y Paisaje de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño, de la Universidad Diego Portales, el miércoles 17 de mayo a las 18.00 horas, se presentó «Poesía, Paisaje y Pasión»

El Premio Nacional de Literatura y profesor emérito de dicha institución académica, reflexionó sobre la relación entre el paisaje y aspectos de la vida y la muerte: «El lenguaje es antes que nada el conjuro que levantan los hombres frente a la muerte. Lo que denominamos paisajes son grandes telones en blanco que la pasión de vivir va llenando en su tránsito hacia la muerte. No hay paisaje sin pasión. El poema es lo que media entre la pasión y el paisaje.»

La actividad se desarrolló en el auditorio central de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Diego Portales.

Ahí estuvimos.

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Luego de haber escuchado la introducción, el poeta nos mostró el primer trabajo programado para esa tarde. En total, nos presentó cuatro de sus obras.

Nos habló de la muerte como hecho cotidiano, hasta la llegada de los hospitales a las ciudades, y terminó con un trabajo reciente (el último de los que presentó) y fuimos testigos de la experiencia de un hombre que está consciente de la muerte. Que la muerte, a sus 67 años, está con él.

El primer trabajo que presentó esa noche lo realizó en el cielo, sí: en el cielo.

El 2 de junio de 1982 cinco aviones especialmente acondicionados escribieron en humo blanco sobre el cielo del barrio de Queens, de Nueva York, los quince versos de su poema La vida nueva incluido en Anteparaíso (1982), la segunda parte de su trilogía poética.

La actividad estaba compuesta por quince frases de 7 a 9 kilómetros de largo y fue registrada en vídeo por el artista Juan Downey, quien realizó un trabajo personal a partir de esa acción (enlace: https://www.youtube.com/watch?v=l9WvE9aeJ4o)

Acá las quince frases:

MI DIOS ES HAMBRE
MI DIOS ES NIEVE
MI DIOS ES PAMPA
MI DIOS ES NO
MI DIOS ES DESENGAÑO
MI DIOS ES CARROÑA
MI DIOS ES PARAÍSO

MI DIOS ES CHICANO
MI DIOS ES CÁNCER
MI DIOS ES VACÍO

MI DIOS ES HERIDA
MI DIOS ES GHETTO
MI DIOS ES DOLOR
MI DIOS ES
MI AMOR DE DIOS

Luego, nos presentó la experiencia de su intervención en el desierto de Atacama, con la frase: «Ni pena ni miedo».

Esta frase mide unos 3 kilómetros y sólo se puede ver desde el cielo.

Durante la exposición, nos confesó que no entendía cómo había personas que se tatuaban la frase en el cuerpo. No lo entendía, pero no le disgustaba saberlo. Bromeó, además: «y yo no sé, se los digo, qué significa exactamente la frase esa: ni pena ni miedo, pero está bien que lo hagan, que se tatúen la frase, como un acto poético, como un acto político, como un acto íntimo, todo es válido».

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El tercero de los trabajos que nos presentó, fue la acción poética que planea realizar en Pisagua.

Su plan es concretar esta obra poética monumental en los acantilados de Pisagua, lugar donde están las fosas de los detenidos desaparecidos y donde también se inscribe la propia historia personal de Zurita. Se llamará Verás un mar de piedras y consiste en la proyección de 22 frases desde el mar, durante una noche hasta el amanecer, donde el último verso será «Y llorarás».

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El cuarto y último trabajo que presentó esa noche fue «Sea of Pain» (2016) («El mar del dolor»), una instalación que presentó en la Bienal de Kochi-Muziris, en la India. La instalación fue producto de la impresión que le dejó una imagen y la reflexión a partir de la misma.

En septiembre de 2015, la imagen de un niño sirio muerto recorrió el mundo. Era la de Aylan Kurdi, un niño de tres años. Quien fue hallado boca abajo en la orilla del mar de la costa turca tras el naufragio de una embarcación, que viajaba con refugiados a Europa. La imagen de Aylan se multiplicó en el espacio infinito de las redes sociales. Era el reflejo del dolor, de la precariedad humana y del conflicto diario de millones de inmigrantes.

Aylan no iba solo en ese viaje. Su madre, Rehan, y su hermano Galip, de cinco años, también murieron. Solo el padre sobrevivió. Por esos días él se encontraba con su mujer, Paulina Wendt, en Estados Unidos. Ella le mostró la imagen del niño muerto reproducida en la prensa.

«El hermano de Aylan también murió en ese viaje, pero no tiene fotografía. Entonces decidí hacer un homenaje a través del niño no fotografiado a las miles y miles de víctimas anónimas que no tienen fotografía».

Materializó la idea en «Sea of Pain» cuando fue invitado a participar en la Bienal anteriormente mencionada.

La obra es un galpón de ocho metros de altura, con un piso de agua. En sus paredes, a la izquierda de la entrada, hay ocho telas blancas con varias frases:

No me ves…
en el mar del dolor.
No me sientes…
en el mar del dolor

Para finalizar —no sin antes mojarse los pies, ya que el texto no se puede leer desde la entrada, en el agua salada, la misma agua salada del mar del dolor—, un texto, al fondo del galpón, donde se habla de la historia de Galip Kurdi y de su familia:

«No hay fotografías de Galip Kurdi, él no puede oír, no puede ver, no puede sentir, y el silencio cae como inmensas telas blancas», dice parte del texto.

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Con esta obra, el poeta concluye hablando sobre el tema con el cual inició la velada: la muerte.

La muerte cotidiana. Aquella que teníamos, antes de tener a los hospitales. Edificio que no sólo sirvió para curar enfermedades, sino también, para encerrar a la muerte. Pero no, nos dijo el poeta esa noche, la muerte está presente, la muerte existe, la muerte es parte de la vida. No nos olvidemos de ella, yo no me olvido de ella. Yo me la encuentro todos los días en el desayuno.

Fue duro y crudo escuchar esas palabras porque fueron ciertas. Fueron palabras pronunciadas por alguien que vivía con ellas. Así, de la misma manera en que deben ser pronunciadas y escritas las palabras que forman los versos de la poesía universal de la vida.

Santiago, Chile, mayo de 2017.

@NANO_laguna

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