Seis poemas de Mariana Antúnez (Caracas, 1981) ~

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Natalie Foss


Cavidad torácica

Mi cavidad torácica es estrecha como un ataúd
y en su minucia sueña con la amplitud de una pradera.
Mil tristezas se aglomeran en ese espacio
una sobre la otra
como si disfrutaran del confinamiento compartido
y con gracia bailan sobre mis ruinas
ilesas, inmortales, impávidas.
Cada respiro despide polvo de vidrio en su forma más pura,
sus astillas me desgarran la garganta en cada trago
y me ahogo en un ronquido laborioso, gutural.
Un nenúfar floreció en mis pulmones
Pero asfixiado se secó para no revivir jamás
Mi felicidad, igualmente efímera, murió con él

White curtains

Quiero una casa con ventanas
grandes y siempre abiertas
con cortinas blancas y largas
que toquen el piso
y se mezan con el vaivén del viento

Quiero un gato blanco que haga juego
que se duerma en el marco de esa ventana
siempre abierta y limpia
y que se coma mi carne una vez que haya muerto

Refugio

Quiero mojar mi pelo y el tuyo
con el manantial que emana de mis senos
me gustas aquí,
sobre mí, dentro de mí
sudados, entrelazados,
uno.

Báñame, háblame, tócame,
me escondo en las cavernas de tu cuerpo
y el dolor ya no es ronco ni oscuro,
mi llanto cesa.
Por unas horas, soy feliz

Oblivion

Olvídame 
ya estoy muerta para ti,
también lo estoy para mí
olvídame en silencio,
sin estragos ni remordimientos.

Búscame en tus rizos,
en el olor de un libro viejo,
en cualquier canción triste,
en la colina que alguna vez habitamos.

Allí me encontrarás renovada
dulce y feliz
siempre lista para tu abrazo.

Mientras que aquí,
mi parte muerta seguirá marchitándose
completamente vacía de ti
y de mis despojos nacerán cigarras
que se secarán de canto
cansadas de llamarte,
y tristes porque nunca volviste.

Duelo

Deseo que mi almohada se convierta en un abismo
negro, silente, infinito;
un vacío que devore mis angustias y alegrías.
Y que sea allí,
en la complicidad de la más absoluta oscuridad,
donde mi sonrisa, ahora estrangulada,
triunfe en el duelo contra mi más terrible desesperanza

Cobre

Fueron cinco los zamuros que decapité
en ayunas me bebí su sangre
y a mi angustia le cosí sus cabezas

Continuaron los ataques de pánico
no se alivió mi asfixia
y tampoco se acabaron los sobresaltos nocturnos

Todo ese ritual
solo sirvió para recordarme
que tu ausencia sabe a cobre
y mi soledad tiene cinco cabezas

~

Mariana Antúnez (Caracas, 1981). Licenciada en Idiomas Modernos, Mención traducción por la Universidad Metropolitana. Magister en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolivar. Traductora en KPMG Venezuela. Resido en Caracas con mi esposo e hija.

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