Cinco poemas de Annie Costello (España, 1992) ~

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Wilian Santiago

Antioración

Me obligaron a ser tan buena:
rezo más por tus muertos
que por tus monstruos.
No hoy.

Hoy la bondad tiene otro nombre:
ha desechado las máscaras.
Hoy me visto de mis restos
de los restos de mis restos
los restos de alguien que una vez anduvo erguida
y se rodeó de fieles, les lavó los pies,
multiplicó sus dichas
(peces famélicos
que poco necesitaban para alimentarse).
Los restos de alguien que dejó de ser alguien
después del tercer latigazo
para convertirse en estigma
del milagro que no se produjo.
Los restos de alguien que, al volver a la vida,
aún tuvo que forcejear
con tu recuerdo
granítico,
impidiéndome el paso,
protegiendo el sepulcro
de lo que fuimos.

Pero emprendí mi éxodo,
el fuego en mi cabeza
consagrando
mi lengua al idioma del odio.
Camino hacia el Canáan que me juraste
y que vi de lejos tan sólo.
Me acerco a ti armada de cuernos
hondas, la espada del ángel,
aceite de ungir y las siete plagas,
las armas de profetas y pueblos heridos.
Me arrodillo ante el sanctasantórum
y aquel rey justo, ¿Salomón era?
(el que casi escinde un bebé en discordia
como quien desgaja una fruta dulce),
le ofrezco el vino y elevo el salmo.
Ojalá tú también lo oigas.

Que te escupan
en los ojos
hasta quedar ciego
hasta que no recuerdes
la belleza
que habitas solo
con estar vivo.
Que te los arranquen.

Que te hagan el amor cada noche,
nunca dos mujeres
a la vez.
Que para sus senos basten
tus manos
(finitas).
Que para su boca baste
tu aliento
(ahorcado).
Que para sus piernas baste
tu envite
(exangüe).
Y que aún así no sea suficiente,
y sufras.

Que te claven en una cruz
lo bastante alta para atisbar el mundo
y sus horrores, que son la suma
de todos los hombres que se te parecen.
Que la esponja en los labios te sepa a sangre
y sea vinagre y hiel lo que llores.
Que te avergüences.

Que te maten
como tú me mataste
un dos tres
hasta tres lanzadas.
Morir todos moriremos.
Yo en la campana de vidrio,
mi amante en la guerra,
mi madre en la camilla,
mi hermana en el moho,
pero tú mereces
pasar por el potro,
ser estirado
hasta el chasquido,
como un elástico.
Girar y girar sobre la parrilla;
ver caer a tiras tu piel descuajada;
oír el suspiro del león que aguarda
la torpeza de tus pasos en la arena.

Y la mayor tortura de todas:
que te amen.
Que una desconocida Verónica
mane del gentío, esquive los vítores,
enjugue
con su pañuelo
la herida de espina en tu frente
hasta formar lívidos
contornos
en su blancura,
mancillando la seda
con tu olfato permeable a cualquier engaño.
Que asistas a la atrocidad que es tu ser
anclándose para siempre en su Historia,
un no humano
un no animal
un no piedra
sólo la náusea
impresa a la fuerza
en la pureza de alguien,
que se hallaba allí por casualidad
y por error rebañó tu agonía.
Sabrás así que no eres digno
de su fallo
ni su sollozo,
tu cabeza no vale treinta monedas
la oreja de un soldado, el duelo de una virgen.
Lo entenderás,
retomarás tu ascenso
hacia el calvario,
por fin consciente
de que no eres pastor ni cordero
tampoco lobo, sino Baal.
Falso ídolo.
Res dorada.
Al tercer día,
dormirás.

Y ni siquiera entonces habrás sentido
la décima parte que yo.
Golpeo mi pecho con un puño que tiembla.
Perdón
Señor.
Perdón
Señor.

Ésta es la última
vez
que odio.

Incertidumbre

Ahora no sé si las palabras que digo
me pertenecen
o las obtuve
de alguien que no soy pero que se encuentra
a menudo dentro de mí misma;
pues son tan ajénas aunque las sepa
engendradas en mi interior
-todo va bien y siempre y lo siento tanto y gracias por todo
si las pronuncio
la Voz se crece
mi propia voz se atenúa
y mi memoria no traza signo
que las reconozca mías.

La droga del talento: metilfenidato

I

Decís que las drogas se cortan
en colores gélidos y sombras
que oscilan entre el púrpura
y el pergamino de una tez anciana.
Lo que no decís
es que
por dentro
el demonio es inmaculado
y la oscuridad más cerrada
puede dar luz al arco iris.

II

Nos ordenáis brillar mas nos negáis el diamante
así que accedemos al margen rocoso
de la moral, y lo excavamos
perdiendo las garras en el afán
y el polvo mezquino de sus escombros.
Arañamos hasta liberar la veta
poseemos la joya y su luz granulada,
pátina éterea,
hermosa tiara,
culmina mi ser desde los huesos.
¡Fuerza! Regresa al músculo.
¡Rapidez! Torna a mi memoria.
¡Perfección! Justifica mi trampa.

Tras la vorágine celular
seremos al fin
lo que se nos pide:
licenciados
posthumanos
la eficiencia americana.

III

Condenáis el secreto, la inteligencia
convertís en culpa y causa de crimen;
ilícita es, decís, si se cuece
en una anatomía imposible,
orgía neuronal o mentira griega.

Pero no nos encarceláis
pues también vosotros pecáis en privado.
Como nosotros
buscáis la caja
sobre la mesilla;
tragáis la pastilla
acogéis su valor
y solo entonces
os atrevéis a confrontarnos.

Autoaceptación

Está bien. Asunto zanjado.
Te diré la verdad: no siempre sonrío,
no siempre soy la hoguera o el ave en ascenso,
sino más bien una tempestad
en el vaso presa,
o la cresta alba
de un iceberg
que al más suave toque
se ha atrevido a desintegrarse.

Y dijo el viejo Platón…

Y dijo Platón: el gran artesano
nos dividió en mitades perfectas
perpetuamente escindidas
de nosotros mismos; almas morando
errabundas sobre la Tierra
alejándose
atrayéndose a veces
escudriñándose las miradas
buscándose en rostros ajenos;
llenando sus vanos con las piezas
de otros cuerpos, sin que éstas encajen,
tirando a un lado las fallidas
hasta así dar con la acertada
que espera inquieta a ser tomada
y devuelta, al fin, a su molde.

Dos tercios de mi vida he creído
y honrado a Platón, buscado a mi esquiva
facción en el erial de los hombres.
Nadie podría dudar de mi empeño
y, aun así,
hoy me siento culpable
al saberme entera
y suficiente.

~

Annie Costello (Murcia, 1992). Escribe desde que le alcanza la memoria. Es su vocación, su obsesión y su salvoconducto. Pertenece al sur salvaje y mediterráneo, donde estudia Historia del Arte, aunque también ha vivido en Madrid, Inglaterra y Roma. Sus poemas y artículos han aparecido en varias revistas digitales y antologías como Oculta Lit, Playground, Détour, El Coloquio de los Perros o La Galla Ciencia.

En 2016 publicó su primer poemario Catábasis (Raspabook), y la plaquette Huérfanos (ad minimum), y desde hace años mantiene un blog a modo de diario personal:  http://anniecostello.blogspot.com.es/

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