Cinco poemas de Francia Perales (México, 1990)

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Sarah Beetson

Sor Juana Cruz

No se nace mujer: llega una a serlo

Simone de Beauvoir

Como no pude vestirme de hombre,
Me vestí de monja.

Me disfracé de la Sor Juana Cruz,
Pero me convertí en la infiel y la traidora.

                   YO FUI, la peor de todas.

La culpable de amar a otra.
La culpable de ignorar menos y ser culta.

Como no pude vestirme de hombre,
Me vestí de monja.

***

Liar los rostros

He dejado paralizadas las hojas de los manzanales,
he extendido mis pies que se alargan hasta pisar
el otro extremo del lecho para así, ya no hundirme.

Voy dilatando mi cuerpo al punto de quedar suspendida
encima del mundo y mi espíritu ahora puede desprenderse de mi cuerpo.
Había carecido de rostro por mucho tiempo,
me he dado cuenta que me han robado la identidad.

Buscaré otro rostro que me quede, buscaré y me pondré el que yo quiera,
el que yo desee y no el que otras personas me confieran.
Me he encontrado con una hiena, le he arrancado la cabeza y me la he puesto.
No me queda. He visto un caballo correr entre los mares,
le he de preguntar si es posible intercambiarle mi rostro de hiena.
Cambiamos de cabeza.

Me he puesto mi nueva cabeza y esta vez si me queda.

Me he convertido en una yegua que relincha, que corre.
Con mi propio rostro y vestida de negro, mi respiración ya no se sentiría oprimida,
me sentiría más ligera, flotando como si fuese una lechuza liberada.

Ahora me han salido aletas.

Me voy dejando ver íntegramente por segundos,
me sofoco y me lanzo de un lado a otro por el crimen de mi emoción.
Todo dentro de mí parece haberse vuelto liviano
y las plantas de mis pies vibran como si estallaran contra colisiones eléctricas.

  

Derrumbe de Laberintos
Espejo I

Frente a mi espejo,
siento el derrumbe de una Virginia Woolf
o una Frida Kahlo,
y con extrañeza me reencuentro con ella,
la que permanece dormida
y la que viste mis sueños reclamados.

Con la mirada perdida
arreglo mi largo cabello
y enjabono mi cara para bañarla de sosiego.
Regreso a ese lugar que me acoge por las noches
buscando un intento de algo,
buscando sin encontrar y encontrando sin buscar,
tras hojeo páginas de libros
para que lleguen palabras clave
que me permitan regresar a la realidad.

Toda mi vida pasa en un día
y en un día pasa toda mi vida,
como la Dalloway de la Virginia,
como si fuéramos una misma,
como si ella fuera yo y yo fuera ella,
nosotras confusas que escondemos silencios.

***

Siluetas Desvaídas
Espejo II

De frente al espejo,
siento el derrumbe de siluetas engranadas a mi fisonomía,
quedando el silencio bajo la mirada e insistiendo lastimeramente
golpeando el suelo de mi propia habitación.

El recuerdo de un espejo rosa de la infancia,
corriendo por mi sangre desfragmentando las sombras de mi cara
tras la caída de un respiro nauseabundo.
Ahogando las penas, quedando un gesto benévolo al ver mi reflejo alejarse,
esfumándose entre la tenebrosidad.

Encerramiento de mi inherente templo, anverso a los fragmentos del cristal.
Persiguiendo el pasado de una luz desvaneciente, fracturando de miedo
al verme a mí misma por el  vidrio desvaído.

Trato de reconocer el reflejo interrumpido,
sofocando los trazos desleídos de mis progenitores.

-Yo, trataba de verme a mí misma a través del cristal-

Apretaba los labios tratando de observarme,
tratando de autoreconocerme, quería transformar mis facciones
en un cúmulo de energía que desdibuja los rasgos mezquinos de mi rostro abatido.

***

Revestimiento negro 

En lo subterráneo de mi revestimiento femenino, cada evocación
Queda desentrañada y en una nube gris aparece mi pasado.
Cargo a mí misma, hallada en un campo de cosidos serpentinos.

Cada instante sobrevivo y me designo con mi vestido negro.
Me oculto bajo la montaña de las vestiduras de la suFrida y la Sor Juana.
Me reflejo en el espejo secundario perdiéndome entre gritos [ellas].

Cruzo ríos y saco espinas de lo profundo de mi coraza.
Cada instante sobrevivo al caminar, soy la clave del tejido que llevo dentro.
Cada milímetro que se teje en mi piel se percibe de mis ausencias solitarias
Que crecen para que siga aquí y dentro de mí, desarticulando
Palabras mortíferas bordadas a mí espalda.

Desde la raíz de mi hemisferio cruzaré la montaña
deconstruyendo la membrana, siempre con mi vestido negro.
Confluencia de manos que me arrastran al lodo sedado del recuerdo.

                      //Me visto de negro como pájaro desolado bajo la lluvia incauta.

***

Francia Perales (México, 1990) Escritora y creadora escénica. Premiada en el concurso de poesía “La Mujer y la Independencia en América Latina” Nottingham, 2013; Premio de la Juventud 2014 por trayectoria artística (México, 2015). Publicada en antologías de poesía, relatos breves y revistas digitales de literatura en México, Chile y Argentina. Autora del libro de relatos cortos “Flores Raras” (Ed. Shula Cartonera, 2015) y de la narrativa poética “Sombras en la Intimidad” (diseño editorial por Paula Cortazar, 2014).

 

 

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