8 escritores y lectores de España, México y Venezuela hablan de sus libros favoritos de 2016 ~

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Fotografías por orden de aparición

Diciembre: época de listas y recuentos. Recordar lo que se leyó durante el año y escoger lo que más gustó permite difundir el trabajo de cuantiosos autores y editores que quieren, de alguna manera, que su obra se expanda hasta el punto de ser recomendada. Si bien las listas de libros parten de un criterio meramente subjetivo, también es cierto que esta subjetividad nos ofrece un panorama individual que nos indica por qué un libro debe ser leído o por qué algún libro le podría gustar a las personas a los lectores que siguen nuestra página.

En nuestra labor de difusión, le preguntamos a ocho importantes figuras de la literatura de España, México y Venezuela cuáles habían sido sus libros favoritos de este año:

Tive Martínez (España) | Poeta y traductor ~

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Houston, yo soy el problema de Óscar García Sierra (Espasa). El debut con mayor carga demoledora del año. Varios son los retos que plantea su proximidad al hip hop (vertiente vaporwave), más allá del ocasional regreso de la rima. Sus poemas, en forma de largas tiradas de tuits sin solución de continuidad, enlazan imágenes nunca vistas al ritmo de su propia lógica brumosa.

Tuscumbia de Lola Nieto (Harpo Libros). Hito de la experimentación en España, el libro se completa con una entrega performática en los recitales de la autora, donde se hace evidente la fisicidad —y fisiología— de su propuesta. Enhorabuena, además, para la editorial que ha logrado un bellísimo encaje de diagramación, textura y riesgo.

Conjuros y cantos de Sara Torres (Kriller 71). Tras el libro La otra genealogía (2014), segundo paso en la recreación de una verdadera sororidad ancestral, esta vez mediante la exploración de los universos de la brujería y el chamanismo. El resultado es una fascinante confluencia de lírica primitivista, lenguaje académico queer y terminología esotérica, que incita a la danza.

Trema de Yasmín C. Moreno (Amargord). Otro segundo poemario que ahonda en lo apuntado en el previo, titulado significativamente El beneficio de la enfermedad (2013). Poemas breves e intensos, con intuiciones muy audaces que nos  hacen descubrir, en trastornos como la anorexia o el embarazo psicológico, una metáfora de la existencia.

Hola Mediodía de Dorothea Lasky (El Gaviero). La traducción como poesía, por derecho propio, como ya demostró María Ramos en su anterior trabajo con Sylvia Plath, Tres Mujeres (2013). Esta antología ha sido también la emocionante despedida de un sello editorial que permanece como símbolo de independencia y originalidad en el plomizo panorama de la edición de poesía en España.

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Hermano de hielo de Alicia Kopf (Alpha Decay). Libro de culto de 2016, de igual manera cuenta con el apoyo unánime de los medios oficiales tras sacudir el amodorrado ambiente de la escritura en catalán. Está construido mediante la acumulación de materiales heterogéneos en torno a la Conquista de los Polos que sirven como contrapunto metafórico a la narrativa autobiográfica de su protagonista, estudiante de arte y hermana de autista.

Los últimos días de Adelaida García Morales de Elvira Navarro (Random House). Uno de los escándalos literarios del año, a causa de los miedos generados en relación a la escritora cuyo nombre aparece en portada. Lo más terrible es que nadie recordaba ya a la autora de El Sur (1985), que pasó de ser estudiada en las escuelas a desaparecer del mapa por motivos de salud mental, el maltrato de las instituciones, el sexismo, los celos familiares y, ciertamente, la propia auto combustión del talento. 

Partir de Lucía Baskaran (Expediciones Polares). Novela de la juventud milennial, que ha ido creciendo en repercusión por el boca a boca —enlace a enlace. El humor salvaje y la frescura de sus diálogos en ambientes artísticos y universitarios actúan como primer plano de una tragedia personal —y generacional— que emparenta a este debut con la narrativa confesional de La campana de cristal de Sylvia Plath. 

Alcasseriana. V.V.A.A. (Antipersona) Todavía quedan tabúes por romper en la literatura española. El Crimen de Alcàsser, la atávica tortura y asesinato de tres chicas adolescentes a comienzos de los años 90 en una España que se auto engañaba con ensueños de riqueza y modernidad, nos reveló el verdadero rostro de nuestra paranoia. Nadie se había atrevido a diseccionar la vileza hasta que llegó este volumen colectivo a cargo de una pequeña editora underground.

Lou Reed era español de Manuel Vilas (Malpaso). Vilas se ha convertido en un género en sí mismo, auto referente hasta el egotismo, al tiempo que sus lectores nos sentimos identificados con cada detalle de la España Profunda, de su solitaria infancia rural, su adolescencia desesperada de moderno de pueblo, su transformación en cincuentón vagabundo de las autovías y los hoteles. La carcajada liberadora es un acto de amor de Vilas hacia nosotros, sus hermanos en la maldición.

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Aleida Belem Salazar (México) | Poeta y editora

Los hombres me explican cosas de Rebecca Solnit (Capitán Swing). Un libro necesario en tiempos en los que la violencia contra la mujer ha aumentado a cifras escalofriantes. La autora narra los diferentes momentos de su vida en los que los hombres le han intentado explicar sobre un tema del cual asumen que no conoce sólo por ser “mujer”. Además de proporcionar estadísticas del número de mujeres que han sido violadas y asesinadas y deducir algo terrible: puede que se produzca una violación casi cada minuto y una proporción significativa de las mujeres que conocemos son “supervivientes” porque aún no les ha ocurrido; “la violencia no tiene raza, clase, religión o nacionalidad, pero sí tiene género”.

El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina de Luna Miguel (Capitán Swing). Este libro reúne ensayos, ficciones y entrevistas acerca de un tema que aún es un tabú: la masturbación femenina. A lo largo del libro, Luna Miguel describe la primera vez que descubrió ese cosquilleo eléctrico que recorría su cuerpo cuando se tocaba y le provocaba placer y calma, pero a la vez, cómo esto tiene una carga de culpabilidad cuando aún se etiqueta como algo “prohibido”; cuando a una mujer se le educa y se le dice que nadie, ni siquiera ella, puede tocar de manera libre su cuerpo, pues ese “dedo” que sirve para producir orgasmos también nos apunta y nos juzga para callarnos.

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La imaginación pública de Cristina Rivera Garza (Práctica Mortal, 2015). Un libro de poesía que se publicó a finales del año pasado pero que leí a inicios del 2016. Rivera Garza siempre utiliza un lenguaje poético en todos los géneros en los que escribe. La imaginación pública es una obra que parte de tajo al cuerpo y lo divide en dos; en ese primer pedazo se narran las diferentes enfermedades que un cuerpo llega a padecer; y en el segundo trozo, se habla desde un cuerpo ausente y herido que se busca para saberse.

Badaud electrónico. Antología de poesía komandroviana 1965-1985 de Horacio Warpola (Mantarraya Ediciones). Warpola es uno de los poetas mexicanos que debemos seguir de cerca, pues de su experimentación con el lenguaje, los universos que crea, los países inventados, la cotidianidad, la física, la Internet, los recuerdos… etc., de todo esto está hecha su poesía, como si entráramos en un loop de GIFS interminable del cual no podemos salir siendo los mismos.

Conjunto vacío de Verónica Gerber (Almadía, 2015). No importa que este libro se haya publicado hace un año: siempre será necesario que se incluya en cualquier lista. En su novela Gerber nos intenta explicar con una precisión milimétrica qué hace una persona para recuperarse luego de sufrir una decepción amorosa, cómo olvidar los recuerdos o llenar los vacíos a través de reflexiones que nos hacen entrar a su universo para decirnos: “el desamor es una especie de enfermedad que solamente puede combatirse con rutina”.

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Horacio Warpola (México) | Poeta y editor ~

Este año leí muchas cosas que me entusiasmaron, me enfoqué principalmente en leer poesía joven publicada por editoriales independientes. Por eso que decidí hacer mi lista (sin orden) de los libros incluidos en esa categoría. Primero, creo firmemente que el futuro de la poesía se encuentra en las editoriales independientes que sacrifican mucho para publicar a jóvenes poetas. Segundo, leer a los poetas latinoamericanos recientes es un ejercicio continental y generacional que une múltiples fuerzas. 

DIVA de Genkidama. Ñu (Tiempo que resta). Diva es una reconstrucción anafórica donde el poema se va expandiendo hasta sus límites australes con la enumeración y la fuerza de la preposición. Diva es un recuento, una ensoñación, una bandera, un frasco vacío. Genki es el poeta más poderoso de su generación. Este libro es la prueba de que sus pociones funcionan.

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Historia privada de un etcétera de Natasha Tiniacos (Libros del fuego). Este año fui a Caracas y conocí a varios autores jóvenes venezolanos que me dejaron impresionado. Entre ellos me topé con este libro de Tiniacos que une una serie de poemas fáciles de cortar y brutales para digerir. El cuerpo, el espacio, la figura dócil, el universo y la nada; todos atentos a la contorsión de las palabras. 

ARANA de Gerardo Arana (Cohuiná Cartonera). Esta antología de poemas de Gerardo Arana comienza con textos de Cristina Rivera Garza, el recién fallecido Luis Alberto Arellano, José Velasco, entre otros. Desde Neónidas hasta Insight podrán leer una selección de los poemas de Gerardo. En palabras del Dr. Arellano: “Como una tarea siempre inconclusa, como una labor que se comienza justo donde se abandona, así, el amor y la sexualidad compartida son dos de las sombras que recorren una y otra vez las ensoñaciones del yo lírico de Arana. La otra sombra que siempre da volumen a sus textos, la droga.”

O reguero de hormigas de Yolanda Segura (FETA). Este libro es el único de la lista que no pertenece a una editorial independiente. Sin embargo su autora se mueve por varias plataformas y su libro es algo que debe leerse. El rojo, el rojo de la violencia, el rojo del pasado y la añoranza, el rojo de la menstruación, el rojo de todos los cuerpos. Un libro muy bien trabajado que se arma y desarma como metralleta.

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Armenia de Luis Eduardo García (Filodecaballos). Algo que me gusta mucho de Luis Eduardo es la parte en donde agarra al lenguaje y lo avienta a una pared hasta que queda todo embarrado. Con esa masa, después de dejarla reposar unos minutos, arma poemas: cínicos, abstractos, sardónicos y hermosos. Armenia es un lugar, una tierra donde todo es caos y reconciliación, un lugar sin temor a ser invadido.

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Fedosy Santaella (Venezuela) | Narrador y profesor universitario ~

Me parece fundamental el libro Maniobras elementales de Roberto Echeto (FACU). Un magnífico libros de ensayos literarios sobre la música, el arte y la escritura y el estado de las cosas en el país y en el mundo. Quiero destacar que Echeto, con este libro demuestra ser un magistral ensayista que no escribe papers académicos acortanados que nada dicen, sino que con mucha libertad literaria, mucha reflexión profunda y sabiduría ha demostrado ser uno de los ensayistas literarios más importantes del siglo XXI en Venezuela.

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Quiero destacar, también, Retrato de un caballero de Miguel Gomes (Seix Barral), que fue publicada a finales de 2015 pero que tuvo presencia en el mercado en 2016. También destaco Nube de polvo de Krina Ber (Equinoccio), que también fue publicada en 2015, pero se llevó el Premio de la Crítica a la novela en 2016. En poesía, quiero destacar Bellas Ficciones de Yolanda Pantin (Oscar Todtmann) y La espera imposible de Cecilia Ortiz (Oscar Todtmann).

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Jonathan Bustamante (Venezuela) | Lector y bloguero ~

Así que pasen cien años. Crónicas completas de Elisa Lerner (Madera Fina). Sin duda me parece el libro del año publicado en la literatura venezolana. La editorial Madera Fina rescata cinco libros de crónicas de una de las escritoras más agudas de nuestro panorama. Textos brillantes que construyen un mapa preciso, cargado de inteligencia e ironía donde se expone la historia socio-cultural del venezolano. Para que el lector tenga una mejor idea recomiendo leer El siglo XX de Elisa Lerner estupendo artículo escrito por la también escritora Gisela  Kozak.
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Bellas Ficciones de Yolanda Pantin (Eclepsidra) Una muy acertada publicación de la editorial Eclepsidra, sello que tiene un catálogo de grandes poetas, Yolanda Pantin es una de ellas. “Bellas Ficciones” es un poemario de explosivas y sentidas imágenes, un canto a la vida que se se sostiene en los gratos recuerdos de una saga familiar.
Maniobras elementales de Roberto Echeto (FACU). Libro ganador del Premio Transgenérico 2015, Echeto, a lo largo de sus páginas, desarrolla reflexiones que comulgan con la teoría, haciendo frente a la crítica académica, esto viajando por el interesante mundo de la música y las diferentes expresiones del arte. Un libro que no debe faltar en biblioteca alguna. 
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Deisa Tremarias (Venezuela) | Poeta, traductora e ilustradora ~

En este año en particular rescato los maravillosos hallazgos anuales pues han sido escogidos con verdadero esfuerzo. La selección ha sido dada por esa búsqueda de voces que hagan memoria personal y colectiva. Aunque soy dada a la escritura en el género de la poesía, me encanta leer cada vez más leer diferentes géneros y nutrirme de estos.

Bicorne de Cristina Gálvez (Casa de Bello). Es un poemario que se abre paso con una voz que ya se asomaba en Psicopompa, su anterior libro. Esta autora maneja un tono que nos abre a lo femenino salvaje, un mundo que se mueve entre la dualidad de lo místico y lo terreno. Leerlo es quedarse rumiando sus imágenes por días, quizás vidas, moviéndonos entre esos portales divinos y humanos.

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Otra gran celebración editorial de este año se concreta con la publicación del libro La continuidad de los Borges de Aquiles Zambrano (MonteÁvila Editores), una obra narrativa muy actual, fresca, y no por ello, muy conectada a nuestra tradición como país. Un narrador ácido e irónico, quizás empático por la desgracia cotidiana, nos invita a ser parte de cada historia con gran destreza literaria por sus asociaciones. Un fabuloso espejo para vernos como venezolanos.

En el ámbito de nuestra tradición literaria que este año ha visto luz, se encuentra la Colección facsimilar de El techo de la ballena (El perro y la rana), compuesto por cinco títulos de grandes autores como Duerme usted, señor presidente? de Caupolicán Ovalles, Dictado por la jauría de Juan Calzadilla, Los venenos fieles de Francisco Pérez Perdomo, Sube para bajar de Edmundo Aray y Asfalto Infierno de Adriano González León. Son obras que cualquiera que se ha acercado a la historia de la literatura venezolana contemporánea sabe de su existencia, pero pocas veces se puede acceder a su estudio pues son escasos los ejemplares. Esta nueva edición acompañada con prólogos de escritores actuales redimensiona su lectura y otorga el gran placer de disfrutar de estas valiosas joyas literarias manteniendo su formato de diseño original.

En la misma tónica de legados literarios en Venezuela llega otro gran libro como lo es Crónicas Sádicas de Salvador Garmendia (Editorial El Estilete). Garmendia pocas presentaciones necesita, consagrado por un estilo propio ganado con gran humor y representatividad de nuestra cultura y política. Necesario releerlo en estos tiempos convulsos, reencontrarnos en sus imágenes y en su narrativa nos acerca más a la comprensión de la relación entre el llanto, la risa y lo abyecto.

Para cerrar tomó El camión de Marguerite Duras (Bid and co.), una obra de las tantas que ha valido texto y película en el recorrido de su autora.  Quien ha leído a Duras con anterioridad sabrá de su potencia narrativa. Para lo noveles en su obra, aquí está una cara más detallada entre la figura femenina y masculina brutalmente honesta y solitaria. Compleja y envolvente sus historias nos hacen sentir parte de esa inquietud de vivir e imaginar.

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Mariana García (Venezuela) | Estudiante, bloguera y lectora ~

La carne de Rosa Montero (Alfaguara). Rosa Montero es  una autora fantástica y con su nueva novela La carne lo reitera. Aquí, nos presenta el dilema del paso del tiempo y el miedo a la muerte y su contraparte, la necesidad de amar, la tiranía del sexo y el concepto de la vida como un suceso efímero en el que devoras o eres devorado.

La novena de Marcela Serrano (Alfaguara). Marcela Serrano reaparece en el plano editorial con un relato en el que nos adentra en los afectos de varias generaciones femeninas que viven en un círculo vicioso de traición, “¿Quieres saber quiénes me han traicionado? Todos.” De nuevo y con su característico carácter feminista, nos introduce en una historia fascinante repleta de fuerza femenina que deja muy en alto el talento de la autora.

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Instrumental de James Rhodes (Blackie Books). Un tributo al poder terapéutico de la música a manos de un pianista que fue víctima de abusos durante toda su infancia, que ha vivido marcado por la tragedia y que encontró en Rajmáninov , Adagio de Bach y en la música clásica en general un refugio para sus demonios. Una biografía espectacular, que aborda cuestiones bellísimas sobre cómo funciona la música clásica y como puede cambiar nuestras vidas.

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Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez (Anagrama). La cotidianidad presentada hecha un desastre, espeluznante, perturbante. Once cuentos en los que el lector se ve obligado a olvidarse de su vida para adentrarse en la investigación de cuerpos que desaparecen o reaparecen en momentos inesperados. Los protagonistas luchan por apadrinar a seres socialmente invisibles, adentrándose en el peso de la culpa, la compasión, la crueldad, construyendo una obra con un “terror tan hondo como verosímil”.

Manual para las mujeres de la limpieza de Lucía Berlín (Alfaguara). La autora hace eco de su vida para crear relatos con mujeres desorientadas pero fuertes, inteligentes e increíblemente reales que día a día intentan sobrevivir. De esos libros que luchas porque no acaben y que podrías leer una y otra vez sin parar, ya que es de esos que deja una huella indeleble en quien se atreve a leerlo.

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Maikel Ramírez (Venezuela) | Escritor y profesor universitario ~

Puesto que a lo largo del año tanto acá como en otras revistas, entre ellas Letralia, he podido comentar algunos libros que, a mi criterio, son lecturas referenciales en este 2016, como, por ejemplo, las novelas No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, de Patricio Pron y La única hora, de Alberto Hernández; el poemario Cardiopatías, de Oriette D’Angelo; y el ensayo Insumisos, del siempre luminoso Tzvetan Todorov, quisiera reservar unas líneas para comentar otros libros de sobrado mérito:

El problema de los tres cuerpos de Liu Cixin (Nova). Le seguía la pista a Cixin desde que en 2015 se hiciera con el prestigioso premio Hugo a contracorriente de los sectores conservadores y racistas que, según nos dicen, controlan este galardón. No temo afirmar que esta obra, primera parte de una trilogía que esperamos que sea vertida al español pronto, es una nueva obra maestra de la ciencia ficción, un clásico instantáneo. Combinando filosofía, política, ciencia y religión, esta obra abre en la revolución cultural china y avanza hasta la posible invasión de una raza extraterrestre. Celebro la llegada de esta obra tan imaginativa como de profundo calado en sus temas.

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La noche de la usina de Eduardo Sacheri (Alfaguara). Las últimas tres semanas han sido agobiantes para cualquier venezolano por los fallos en los puntos de venta con tarjeta electrónica y, para rematar, por la salida de circulación en 72 horas del billete de mayor denominación según un decreto realizado por el gobierno nacional. Fue al escritor Alberto Hernández a quien primero le vi usar la palabra ‘corralito’ para referirse a toda esta maraña de restricciones del dinero.  Ganadora del último premio Alfaguara de novela, La noche de la usina narra en registro de novela negra una serie de eventos desencadenados desde que el presidente argentino Fernando de la Rúa impusiera un corralito a la nación. Se trata de una novela emocionante de inicio a fin, y como cualquier obra noir respetable nos muestra un espiral de corrupción propio de un contexto histórico así. Su desenlace, no obstante, tiene mucho de esperanzador.

Qué vergüenza de Paulina Flores (Seix Barral). Los cuentos que se reúnen en este primer libro de la joven escritora chilena Paulina Flores gozan de la contundencia suficiente para considerar este libro como una de las gratas sorpresas del año. Por lo general, el epicentro de los conflictos es la familia. Subrayo, además, esas piezas en las que se implica que algo terrible acecha. Para tal efecto, una mirada inocente se va desintegrando ante el hecho inquietante.

Prueba de sonido: el discurso social de las narrativas musicales (compilación de ensayos de Ángel Gustavo Infante, María del Rosario Jiménez Turco, María Eugenia Martínez Padrón, Mario Morenza, Rebeca Pineda Burgos, Carlos Sandoval y América Villegas). Quiso el destino que su publicación ocurriera el mismo año en el que el premio Nobel de literatura fue entregado a Bob Dylan. El conjunto de ensayistas que acá se dan cita examinan las diferentes relaciones entre literatura y música en la literatura venezolana. La importancia de este libro podemos reconocerla cuando Carlos Sandoval remarca que hacia los años 70 del siglo XX estos estudios hubieran sido tomados como una tomadura de pelo. Hoy, estos ensayistas demuestran que la música y sus diversos géneros pueden ser asuntos pertinentes a la investigación académica más rigurosa y respetable. En razón de que la música, en especial el rock, está de algún modo presente en lo que escribo, sugiero la lectura atentísima del ensayo Rockaficción: del rock a la narrativa venezolana, de Mario Morenza. Decididamente, este libro es una referencia vital tanto para lectores como para investigadores.

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La risa caníbal: humor, pensamiento cínico y poder de Andrés Barba (Alpha Decay). Barba sigue la estela de los grandes estudiosos del chiste y de la risa, como Baudelaire, Freud, Bergson, Ẑiẑek y Herzog. “Cada vez que un hombre abre la boca para reír está devorando a otro hombre”, con este aserto sintético y frontal el escritor español inaugura un conjunto de reflexiones sobre la función de la risa en diversos ámbitos de la vida humana. Se disfrutan al máximo las anécdotas, los comentarios, las disertaciones y, por supuesto, la propia carga humorística que Barba le imprime a cada reflexión.  Ante todo, la orientación que debemos seguir es que la risa casa muy bien con las ideas, de allí que se cierna sobre ella la censura de lo sentimental. Este es, a no dudar, uno de los grandes libros del año.

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